El Foro de Davos 2026 colocó a la energía eólica en el eje de una disputa política e ideológica entre Estados Unidos y China, dejando en evidencia los distintos modelos con los que las potencias enfrentan la transición energética.
Donald Trump, presidente de los Estados Unidos, acusó al país asiático de vender turbinas eólicas a otros países "pero sin utilizarlas" y que las comercializa "a gente estúpida que quiere destruir sus paisajes y matar aves.
El expresidente aseguró tener una buena relación con su homólogo chino, pero no dudó en criticar lo que considera una estrategia económica hipócrita: "Ellos no las usan, las venden para que otros creen sus granjas de turbinas.
Así es como ganan dinero.

Desde el otro lado, He Lifeng, viceprimer ministro chino, no dudó en responder y remarcó que "China ha puesto en marcha el sistema de energía renovable más grande del mundo y la cadena industrial de nuevas energías más completa", defendiendo el compromiso de su país con la neutralidad de carbono antes de 2060.
Las declaraciones toman fuerza si se considera que China ocupa el primer lugar mundial en capacidad instalada de energía eólica desde hace 15 años y cuenta con decenas de parques eólicos, incluido uno en el desierto de Gobi considerado el mayor del mundo.
Por lo que desde el gobierno convocaron a las empresas globales a asociarse con China en infraestructura y tecnologías verdes.
Por otro lado, Trump reiteró en Davos que el país que lidera se está "deshaciendo de los parques eólicos, en referencia al rumbo energético que impulsó durante su gobierno y también criticó los costos de la transición limpia, asegurando que "la energía debería servir para ganar dinero, no para perderlo.
Bajo esa premisa, citó a Alemania y al Reino Unido como ejemplos de políticas erradas, al afirmar que "sus precios de electricidad se dispararon por apostar por la eólica.
Sin embargo, los hechos contradicen la posición del presidente estadounidense, ya que, días atrás, un juez federal de Washington autorizó la reanudación del proyecto eólico marino Empire Wind, desarrollado por el grupo noruego Equinor, que tendrá dos partes que sumarán 2,1 GW.
La iniciativa había sido suspendida por la administración Trump y ahora se convertirá en el primer parque en suministrar electricidad directamente a la ciudad de Nueva York, con una capacidad prevista para abastecer a 500.000 hogares hacia fines de 2027.
En paralelo, la era del panel solar ultra barato parece haber llegado a su fin, tras la confirmación de que China eliminará el reembolso del impuesto al valor añadido (IVA) a las exportaciones de productos fotovoltaicos a partir del 1 de abril del 2026.
Y se estima que los precios podrían incrementarse hasta un 15% en 2026, afectando directamente a las cadenas de valor de proyectos renovables en todo el mundo.
Como consecuencia, el nuevo escenario abre interrogantes sobre el ritmo y la asequibilidad de la transición energética a nivel global.
Europa, por su parte, apuesta a reforzar su soberanía energética con un enfoque acelerado en tecnologías limpias.
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, aseguró que "la energía es un cuello de botella tanto para empresas como hogares", y llamó a concretar una "verdadera unión energética.
Detalló que se están realizando inversiones masivas en interconectores y redes para potenciar las energías locales, nucleares y renovables, con el objetivo de "bajar los precios, cortar dependencias y acabar con la volatilidad del mercado.
La presidenta destacó además que el Viejo Continente es "hogar de campeones globales en energías renovables y baterías", y pidió adoptar una "mentalidad de urgencia" para no perder competitividad en sectores estratégicos como el almacenamiento, la movilidad eléctrica y la defensa.
Cabe recordar que, la actual tensión global sobre las energías limpias no nació en Davos, sino que forma parte de una encrucijada geopolítica que se arrastra desde hace tiempo, marcada por el uso creciente de instrumentos comerciales en disputa por el liderazgo energético.
En abril del 2025, Donald Trump oficializó un paquete de aranceles "recíprocos que impacta a casi un centenar de países, elevando las tarifas de productos importados a Estados Unidos a niveles inéditos desde la Segunda Guerra Mundial.
El esquema impuso un arancel del 104% o más a las exportaciones chinas, pero también alcanzó a la Unión Europea, el sudeste asiático, México y los países del Mercosur.
Para América Latina, el sobrecosto genérico fue del 10%, mientras que en el caso de la UE llegó al 20%, y superó el 45% en Vietnam, Laos y Camboya.
Así, mientras China y Europa consolidan su apuesta industrial por la transición energética, el ala republicana de Estados Unidos, liderada por Trump, intensifica su retórica contra las energías limpias, aunque en los hechos algunos proyectos clave continúan avanzando.

