Los anuncios recientes de la CELAC y la Unión Europea reafirman la visión de una transición energética justa, como punto de partida clave para entender qué deben hacer los desarrolladores colombianos para acceder a los nuevos fondos internacionales que pueden habilitarse próximamente.
En este contexto, Jorge Sierra Almanza, consultor financiero del sector, explica que el financiamiento europeo está orientado a iniciativas con trazabilidad, impacto medible y criterios de gobernanza similares a los que exige la banca multilateral, marcando el camino para quienes aspiren a captar estas ayudas.
"Estos recursos no están destinados a proyectos tradicionales, sino a aquellos que tengan una trazabilidad clara, impacto social comprobable y viabilidad técnica en zonas de difícil acceso o no interconectadas", detalló en diálogo con Energía Estratégica.
Esto abre un nuevo segmento de mercado para los desarrolladores: proyectos pequeños, transparentes y con huella social.

Sin embargo, también implica mayores exigencias en materia de cumplimiento técnico, ambiental y de gobernanza.
En Colombia, este tipo de fondos apunta especialmente a zonas rurales, no interconectadas o con infraestructura eléctrica precaria, donde el acceso a la energía sigue siendo un desafío.
Por lo tanto, priorizar estos territorios no solo atiende una deuda histórica, sino que permite transformar la transición energética en un proceso de inclusión social y desarrollo local.
Departamentos como Chocó, La Guajira o Putumayo podrían beneficiarse de proyectos que combinen generación distribuida, participación comunitaria y empleo territorial, siempre que las iniciativas demuestren viabilidad técnica y transparencia desde etapas tempranas.
Los desarrolladores colombianos deberán anticiparse a las exigencias de los programas de cooperación, especialmente en sectores como la energía solar distribuida, la eólica de pequeña escala, las comunidades energéticas y las microredes, donde las condiciones sociales y técnicas son más propicias para cumplir los nuevos estándares.
El consultor recomienda a las empresas completar todos los requisitos técnicos y minimizar riesgos antes de que se abran las convocatorias, "porque el financiamiento será de alto aporte y con criterios exigentes.
La preparación temprana incluye asegurar acuerdos con comunidades, documentar los impactos, y estructurar proyectos viables tanto en lo técnico como en lo económico.
Quienes lleguen con estos elementos podrán posicionarse mejor ante los fondos europeos y multilaterales. Invertir en infraestructura para multiplicar el impacto La reciente alianza entre la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) y la Unión Europea, junto con la participación del Banco Europeo de Inversiones (EIB Global) y otros organismos multilaterales, reconfigura el mapa de oportunidades para el desarrollo de energías renovables en Colombia.
El país se encuentra ante una etapa en la que el capital internacional busca proyectos con impacto integral: social, ambiental y económico.
Sin embargo, Sierra Almanza, apuntó al Gobierno y enfatizó en que la eficiencia en el uso de los nuevos fondos será muy importante, por lo que sugirió destinarlos a incentivar la inversión privada.
De ser así, el impacto puede "multiplicarse por diez" porque el Estado actuaría como un facilitador más que un ejecutor directo.
Como ejemplo, indicó que el retorno de fortalecer la red es mucho más alto, porque la infraestructura atrae nuevas inversiones de mercado, como ocurrió en China, donde la expansión de la red permitió cada vez más oportunidades de generación.
Asimismo, consideró que la banca de primer y segundo piso debería asumir un papel más activo en la canalización de estos recursos, mediante esquemas de cofinanciación y garantías que permitan movilizar capital privado hacia proyectos comunitarios y de pequeña escala.
El interés internacional por el mercado colombiano confirma su potencial como destino estratégico para la inversión en renovables.
"Esta es una oportunidad para que Colombia consolide un modelo de desarrollo energético sostenible, donde cada dólar invertido no solo genere megavatios, sino también desarrollo, equidad y resiliencia", concluyó Sierra Almanza.

