El Salvador se posicionó como el país con mayor participación solar en su matriz eléctrica de toda Centroamérica con una capacidad instalada de aproximadamente 735 MW.
La proporción, que supera el 21%, convirtió al país en un caso destacado en la transición energética regional.
La combinación de incentivos fiscales, contratos de compraventa de energía (PPA) y condiciones técnicas favorables permitió acelerar la adopción de esta fuente renovable.
"Es un motivo de orgullo para los salvadoreños, quienes están liderando la revolución solar en la región y promoviendo un modelo energético sostenible", expresó Alberto Girón, CEO de Advanced Energy.

El mercado local se caracterizó por una evolución constante, impulsada tanto por el interés del sector privado como por proyectos orientados a diversificar la matriz energética.
En ese escenario, el despliegue de infraestructura fotovoltaica fue significativo.
Una de las empresas con mayor trayectoria en este proceso fue Advanced Energy, que desarrolló proyectos bajo la modalidad EPC desde 2007 en El Salvador y otros países centroamericanos.
Según su director ejecutivo, la firma instaló más de 360 MW de capacidad pico solar, lo que representó alrededor del 50% del total instalado en el país.
La compañía proyectó construir otros 300 MW en la región entre 2025 y 2026.
Sin embargo, Girón reconoció que el avance del sector enfrentó desafíos que podrían condicionar su ritmo de crecimiento.
"Los procesos de permisos son largos y complejos, y la normativa no siempre está actualizada frente a nuevas tecnologías como el almacenamiento con baterías", señaló.
En el ámbito financiero, el acceso a crédito continuó siendo limitado, principalmente por las altas tasas de interés y las exigencias de garantías.
A esto se sumó la percepción de riesgo país que desalentó la participación de nuevos actores.
La infraestructura eléctrica también presentó dificultades.
Existieron zonas del país donde las redes tuvieron limitaciones de capacidad, los costos de interconexión fueron elevados y las exigencias técnicas se volvieron más estrictas.
"Estas condiciones abren la discusión sobre la necesidad de políticas públicas más ágiles, financiamiento verde especializado y una planificación de red que acompañe el crecimiento de las energías limpias", consideró el ejecutivo.
Pese a estas restricciones, el marco regulatorio se encontró en revisión.
Desde el sector se esperaba que los próximos ajustes pudieran generar mayor previsibilidad.
"Ya se están trabajando ajustes normativos que darán mayor agilidad y certidumbre al sector", afirmó Girón.
En paralelo, El Salvador evaluó nuevas tecnologías como la energía nuclear a pequeña escala, lo que podría facilitar una mayor integración de renovables intermitentes como la solar y la eólica.
La estabilidad de su red eléctrica fue vista como una ventaja estratégica en ese proceso.
En materia de innovación, se destacó el interés por los sistemas de almacenamiento de energía con baterías (BESS), ya en funcionamiento en algunos proyectos locales.
Girón citó como ejemplo la instalación de un sistema superior a los 500 kWh para alimentar una planta desalinizadora en la isla Meanguera del Golfo, que abastece de agua potable a las comunidades locales.
También mencionó la donación de un sistema fotovoltaico de 100 kW al Hospital de Niños Benjamín Bloom, que comenzó a operar con energía limpia.
Consultado sobre el futuro energético regional, el ejecutivo proyectó una evolución positiva.
"La combinación de mayor competitividad de las tecnologías solares, el avance del almacenamiento y la demanda de soluciones sostenibles abrirán nuevas oportunidades de inversión", anticipó.
A su juicio, el rol del sector privado será clave para garantizar una red más eficiente, distribuida y resiliente en Centroamérica.

