Colombia busca consolidarse como un destino atractivo para la inversión en energías renovables.
El Gobierno se ha fijado la meta de alcanzar 6000 MW de capacidad instalada en fuentes no convencionales para agosto de 2026, aunque hasta la fecha apenas ha logrado superar los 2.300 MW entre solar y eólica, lo que representa cerca del 40 % de ese objetivo.
En este contexto, la gran pregunta es si 2025 ofrece condiciones propicias para nuevos jugadores en el mercado. Juan Carlos Badillo, Managing Partner de AtZ Investment Partners, analiza este panorama y advierte sobre la situación actual de los proyectos en Ready To Build (RTB). "La conclusión para el mercado colombiano es que un proyecto en RTB hoy, pues prácticamente no tiene prima, o es muy pequeña comparada con la que existía hace dos años", sostuvo en diálogo con Energía Estratégica. Esta corrección responde a la abundancia de iniciativas en el pipeline y a las dificultades que enfrentan para ser bancables desde el punto de vista de equity y deuda. Badillo explicó que los retrasos en trámites, permisos y licencias generan un desfase entre la obtención de RTB y el inicio de la operación, lo que debilita el atractivo financiero de muchos proyectos. A esto se suma el atraso en el desarrollo de la red de transmisión, que limita la viabilidad técnica y ha llevado al abandono de proyectos estratégicos como Windpeshi (205 MW), suspendido en 2023 y adquirido por Ecopetrol en 2025, con un impacto reputacional difícil de medir. El ejecutivo aclaró, no obstante, que aún existen ventanas de oportunidad: "Esos proyectos que todavía tienen tiempo para entrar en cierre financiero sí que se pueden vender con algo de prima". Sin embargo, reconoce que la sobreoferta de RTB está provocando un ajuste de precios generalizado en la región. "Sí que estamos viendo un ajuste de precios, en toda América Latina, pero no es un tema solo colombiano, es un tema más global", subrayó. A pesar de los retos, el mercado colombiano mantiene atractivos importantes para quienes cuenten con capital disponible y capacidad de estructuración financiera. Una de las claves será el almacenamiento energético que, según el analista, "tiene un papel muy importante en poder reducir el coste y la extensión de la red de transmisión y distribución, al señalar que tecnologías como BESS permiten optimizar la gestión de picos y compensar deficiencias de la red. Sobre la diversificación tecnológica, el directivo observa con cautela el interés en la energía offshore porque el LCOE puede ser casi el doble de un onshore. Para el mercado colombiano, el mayor recorrido seguirá estando en proyectos solares y eólicos terrestres, más competitivos en costos y más alineados con la capacidad de pago de los consumidores. Colombia tiene un potencial estimado de 30 GW en recursos eólicos y 32 GW solares, muy superior a la capacidad que actualmente opera.
El desafío es transformar ese potencial en proyectos viables, en un marco donde los tiempos regulatorios y la expansión de redes acompañen la ambición del país. Así, la conclusión de Badillo reveló que la oportunidad existe, pero será aprovechada únicamente por quienes tengan la liquidez y el conocimiento para navegar un mercado en transición, con precios en ajuste y exigencias crecientes de financiamiento.


