El almacenamiento con baterías se posiciona como el elemento estratégico más relevante en la transformación energética panameña.
Aunque la licitación de octubre de 2025 no las incluye de forma explícita, su incorporación progresiva a partir de 2026 marca un giro técnico que permitirá que las fuentes variables como el sol y el viento puedan competir con firmeza dentro del sistema eléctrico.
Federico Fernández Dupouy, Managing Director de OTEPI y profesor en el IESA, valoró positivamente este cambio.
"A mí me parece espectacular que lo metan", sostuvo, al referirse a los futuros procesos que permitirán sumar almacenamiento.

Según explicó, su impacto sobre los precios será limitado y compensado por beneficios estructurales.
"Obviamente los precios ofertados van a tener que subir para poder el inversionista tragarse la inversión en batería", reconoció, pero subrayó que "no va a ser tanto como para descalabrar el mercado.
Para el ejecutivo, el principal aporte de las baterías será técnico.
"Le da mucha más confiabilidad al sistema eléctrico cuando las variables sol y viento, las hidro de pasada, le tires la batería", explicó.
Además, destacó que esta tecnología ya está madura en el entorno regional.
"En Dominicana, como sabes, ya es obligatorio tener una fracción de batería.
Ya no es un misterio en relación con qué diferencial va a clavar la batería en los precios", recordó, agregando que países como Colombia y los del resto de Centroamérica avanzan en la misma dirección.
Fernández Dupouy consideró que esta tecnología permitirá que las renovables variables logren una competencia real frente a fuentes fósiles.
"Con batería, solar y viento son perfectamente competitivos con cualquier combustible contaminante", señaló.
Aunque la subasta de 2025 aún no las incluye, proyectó que sí estarán presentes a partir de 2026: "Probablemente la del año que viene sí ya lo meterán cuando las regulaciones de batería estén.
Este proceso técnico se enmarca en un calendario de licitaciones que apunta a la descarbonización progresiva de la matriz eléctrica panameña.
El plan propuesto por la Secretaría Nacional de Energía abarca subastas entre 2025 y 2027, con contratos de 10 a 20 años, y la participación exclusiva o prioritaria de tecnologías renovables.
Entre los objetivos, se incluyen nuevas centrales hidroeléctricas y eólicas, reconversión de térmicas existentes, proyectos solares y licitaciones abiertas a múltiples tecnologías, con almacenamiento opcional.
Sobre el futuro de cada tecnología, el ejecutivo fue claro en advertir las limitaciones para seguir expandiendo grandes hidroeléctricas.
"Changuinola II va a ser la única, la última gran hidroeléctrica con lago", expresó.
En su opinión, lo que resta es desarrollar centrales de pasada puntuales y aprovechar el enorme potencial de solar y viento: "Hay mucho espacio para crecer.
Además, el especialista proyectó una alta participación en las próximas subastas, considerando que en 2023 se presentaron más de 20 propuestas y la confianza que nuevamente haya "decenas de ofertas" en cada una de las licitaciones programadas.
Si bien reconoció que aún podrían ingresar fuentes fósiles como gas natural para garantizar firmeza, planteó que se tratará de casos puntuales.
"Habrá uno que otro gas y habrá uno que otro combustible contaminante, menos contaminante como llaman, que entrarán en escena con la excusa de que son la potencia firme que no la podemos despreciar", afirmó.
No obstante, sostuvo que el rumbo ya está trazado: "Todo pareciera estar alineado cada vez más descarbonizada la matriz.

