La decisión del Gobierno de Estados Unidos de aplazar por 90 días la imposición de nuevos aranceles del 30% a ciertos productos mexicanos distintos de las tarifas del 25% ya vigentes para bienes fuera del T-MEC le da al país un margen para negociar.
La industria solar fotovoltaica observa con atención este escenario, marcado por tres factores simultáneos: la amenaza latente de nuevas tarifas, la presión del dumping asiático y una oportunidad estratégica para atraer manufactura extranjera, fenómeno conocido como nearshoring. "Si finalmente nos acaban imponiendo determinados tipos y niveles de aranceles va a repercutir en el precio y al usuario final, nos pondrá en desventaja con otras competencias a nivel mundial", expresó Alejandro Villarreal, Director General de Esvicon, en diálogo con Energía Estratégica. El pacto bilateral entre ambas naciones evitó que los aranceles comenzarán a regir el 1 de agosto.
Si bien aún no fueron aplicadas, ya generan un efecto anticipado sobre decisiones de inversión y estructuración de proyectos.
Cabe recordar que sí están vigentes las tarifas del 25% a los productos que no estén sujetos al tratado de libre comercio entre Estados Unidos, Canadá y México (T-MEC). Por lo tanto, los desarrolladores que han apostado por el nearshoring trasladando parte de sus operaciones a México para ensamblar paneles solares con celdas importadas desde Asia corren el riesgo de que esos productos no sean considerados de origen mexicano bajo las reglas del T-MEC. Cumplir con el contenido regional requerido por el tratado es clave para mantener el acceso preferencial y libre de aranceles al mercado estadounidense. De no cumplir con estos criterios, podrían activarse verificaciones de origen, medidas antidumping o la imposición de tarifas adicionales. En ese contexto, Villarreal advierte que, si no se alcanzan acuerdos claros dentro del plazo de 90 días, México podría perder atractivo frente a otras economías con menor carga arancelaria. "Ya no brindaríamos las condiciones que necesitan los inversionistas para ser competitivos, y entonces buscarán otra ubicación, advierte el directivo. La situación se agrava por el hecho de que, en un entorno globalizado, los costos logísticos, regulatorios y fiscales son determinantes para la toma de decisiones de las empresas.

México ha logrado posicionarse como una plataforma manufacturera por su cercanía con Estados Unidos y su infraestructura industrial, pero cualquier desequilibrio en estas variables podría revertir ese posicionamiento. En ese sentido, el nearshoring aparece como una ventana de oportunidad para México, al posicionarse como una alternativa viable para empresas globales que buscan salir del entorno asiático ante las crecientes tensiones comerciales.
La posibilidad de instalar procesos de manufactura o transformación de componentes en territorio mexicano permitiría a muchas compañías acceder al mercado estadounidense sin enfrentar las mismas barreras que rigen para productos provenientes directamente de Asia. "Tenemos una situación logística privilegiada por estar tan cerca, por las condiciones que tiene nuestro país: mano de obra, espacio, infraestructura, costos, subrayó Villarreal, quien considera que el nearshoring ya está generando interés entre empresas extranjeras para relocalizar sus operaciones en México. En línea con esta oportunidad, iniciativas como el Plan México y el Programa Nacional de Desarrollo 20252030 contemplan mecanismos para fomentar contenido nacional, fortalecer la cadena de suministro y promover la competitividad industrial.
Si se implementan eficazmente, podrían convertirse en herramientas clave para enfrentar los retos comerciales y aprovechar al máximo el nuevo contexto global. Sin embargo, advierte que ese interés no se traducirá automáticamente en inversión si no se garantiza un entorno de seguridad jurídica, blindaje político y condiciones estables para los proyectos.
La clave, según Villarreal, estará en que México demuestre certidumbre jurídica, regulatoria y económica frente a potenciales inversionistas. En concreto, reclama que se respeten los permisos otorgados en cada etapa del desarrollo de proyectos: generación, interconexión, construcción y operación.
Si cambian las condiciones durante el proceso, los proyectos podrían quedar financieramente inviables. Otra variable crítica es el financiamiento verde.
Para Villarreal, el ejemplo debe venir desde la banca de desarrollo: "Si se da el ejemplo, la banca privada va a buscar también los instrumentos para participar en el mercado.
Instrumentos financieros como crédito estructurado y participación sindicada son clave para reducir riesgos y escalar inversiones. En paralelo, la industria mexicana debe prepararse para una mayor presión comercial, derivada del dumping asiático, que mantiene precios artificialmente bajos en paneles solares.
La situación genera una paradoja: mientras México intenta atraer inversión extranjera mediante el nearshoring, sus productos pueden ser desplazados por mercancía más barata y menos regulada. "Esperemos que de alguna manera se equilibre, se ponga en condiciones para regresar a un mercado de competencia global, afirmó Villarreal.
En caso contrario, los aranceles podrían no solo desincentivar la inversión extranjera, sino también retrasar la ejecución de proyectos nacionales, con implicancias directas sobre la transición energética. "Sin certidumbre regulatoria y financiamiento verde, México corre el riesgo de desaprovechar una oportunidad histórica para posicionarse como líder solar en Norteamérica", concluyó el ejecutivo.

