El acceso al capital para proyectos que incorporan sistemas de almacenamiento de energía en baterías (BESS) está atravesando un cambio de fondo. Los criterios tradicionales de bancabilidad vinculados al CAPEX, recurso, contratos y producción esperada ya no resultan suficientes ante una tecnología que incorpora nuevos riesgos operativos, de seguridad y desempeño.
En diálogo con Energía Estratégica, Jesús Serrano, Product Manager P.04 MX y Regional Coordinator PVPP NAM+SAM de TÜV Rheinland, y Julio Ramírez, Ingeniero Sr. de Proyectos Solares de TÜV Rheinland México, advierten que están observando que los bancos, fondos e inversionistas están incorporando una capa mucho más profunda de evaluación técnica antes de comprometer capital.
“Con el auge del almacenamiento, un proyecto bancable ya no es solo el que ‘funciona en papel’, sino el que puede demostrar que sus riesgos tecnológicos y operativos fueron identificados, evaluados y mitigados de manera creíble”, apuntaron los especialistas.
La transformación modifica directamente qué significa presentar un activo bancable. Hace algunos años, el análisis estaba mucho más concentrado en CAPEX, recurso, contrato y producción esperada. Ahora, el escrutinio se extiende hacia la seguridad, mantenibilidad, degradación, interoperabilidad, estrategia operativa, garantías reales, capacidad del proveedor y calidad de ejecución.

La consecuencia es especialmente relevante para desarrolladores que estructuran proyectos BESS: la ingeniería comienza a ocupar un lugar cada vez más próximo a las decisiones financieras. El desempeño esperado deja de analizarse de manera aislada y se vincula con la capacidad del activo de sostener seguridad, disponibilidad e ingresos durante su vida útil.
De CAPEX y contratos a degradación, seguridad y garantías
“Uno de los principales riesgos subestimados sigue siendo pensar que un BESS es únicamente un ‘equipo’ y no un sistema altamente integrado”, remarcan Serrano y Ramírez.
Dentro de esa evaluación aparecen variables que pueden tener consecuencias sobre la futura bancabilidad: seguridad térmica y propagación de eventos, integración de componentes de distintos fabricantes, degradación bajo perfiles exigentes, calidad de instalación y comisionamiento y la estrategia de operación y mantenimiento durante todo el ciclo de vida.
Para los especialistas, tampoco basta con respaldar el proyecto mediante características nominales del producto. Esa lógica ayuda a explicar por qué la due diligence técnica está adquiriendo una profundidad distinta.
“En mercados menos maduros todavía predominan los requisitos mínimos regulatorios, pero en proyectos utility scale y en aplicaciones críticas cada vez es más frecuente que se soliciten evidencias técnicas adicionales, ya sea en forma de certificaciones, ensayos, due diligence técnica, factory inspections, bankability reviews o revisiones documentales más profundas”, aseguran desde TÜV Rheinland.
De la fábrica a la operación: qué se examina con mayor rigor
El incremento de las exigencias no se limita a sumar documentación. TÜV Rheinland señala que, frente a cinco años atrás, se analiza con mayor detalle la seguridad funcional, interacción entre subsistemas, trazabilidad de componentes críticos, calidad de manufactura, gestión térmica y ciberseguridad de los sistemas de control.
También gana relevancia la consistencia entre el diseño proyectado y lo que finalmente se instala y opera. Eso implica revisar el activo a lo largo de todo su ciclo de vida: cómo sale de fábrica, cómo funciona en campo, cómo envejece, qué mantenimiento requiere y cómo responde ante condiciones anormales.
“Hoy un problema técnico ya no se mide solo por la falla en sí, sino por su impacto en disponibilidad, seguridad, ingresos y reputación”, señalan los ejecutivos.
La mayor complejidad de los proyectos y su intensidad de capital incrementan, al mismo tiempo, el escrutinio de bancos, aseguradoras, inversionistas y offtakers. En ese contexto, una certificación o evaluación independiente puede transformarse en un elemento que reduzca incertidumbre antes del cierre financiero.
Seguir leyendo
“Una certificación independiente o una evaluación técnica realizada por un tercero reconocido ayuda a reducir asimetrías de información, da mayor confianza sobre la conformidad del equipo o sistema y facilita la toma de decisiones de inversionistas, bancos, aseguradoras y compradores”, explican Serrano y Ramírez.
Además, este tipo de validaciones puede acelerar procesos de due diligence, reducir cuestionamientos técnicos y ayudar a estructurar las condiciones de financiamiento.
En paralelo, la creciente penetración renovable abre un nuevo frente técnico. Los especialistas anticipan que los BESS deberán incorporar cada vez más capacidades Grid Forming, entre ellas regulación de voltaje, frecuencia y black start.
La contracara será económica. “Se debe considerar que emplear sistemas BESS con fuertes capacidades de grid forming resultará en sobrecostos del BESS, ya que se requiere de entrada sobredimensionar capacidad del sistema por las exigencias de esas capacidades”, advierten.
Latinoamérica avanza, pero mantiene distintas velocidades
Las exigencias tampoco son homogéneas entre regiones. TÜV Rheinland observa que Europa y Norteamérica presentan una mayor estructuración de requisitos técnicos, trazabilidad, validación documental y cumplimiento, apoyada en una participación más activa de aseguradoras, laboratorios, autoridades y entidades financieras.
Latinoamérica, en cambio, continúa siendo más heterogénea. Conviven proyectos sujetos a estándares internacionales muy exigentes con otros donde el costo y la velocidad de ejecución todavía tienen mayor peso.
“Lo que vemos es que la región está evolucionando rápidamente hacia esquemas de mayor profesionalización técnica”, aseguran Serrano y Ramírez.
Dentro de la región, los especialistas identifican a Chile, Brasil y México como mercados relevantes por volumen, sofisticación técnica y exposición a inversionistas internacionales, mientras que también registran avances en Colombia y determinados segmentos de Centroamérica.
Chile destaca por la incorporación de almacenamiento y la complejidad de su sistema eléctrico; Brasil, por su escala y evolución técnica; y México conserva una base industrial y actores experimentados donde la calidad continúa funcionando como elemento diferenciador.
Sin embargo, los ejecutivos introducen una variable que puede resultar incluso más decisiva que la geografía: “Más allá del país, hoy la variable decisiva muchas veces es quién financia, quién desarrolla y qué estándar contractual exige el proyecto”.
Nuevas soluciones para anticipar fallas y reducir riesgo
Frente a estas nuevas exigencias, TÜV Rheinland avanza con herramientas orientadas a identificar desviaciones técnicas antes de que deriven en pérdidas de rendimiento, fallas operativas o controversias contractuales.
“Identificamos una necesidad muy clara: el mercado requiere herramientas más ágiles, objetivas y especializadas para detectar desviaciones técnicas antes de que se conviertan en fallas operativas, pérdidas de rendimiento o controversias contractuales”, explican los especialistas.
Para proyectos BESS, la compañía propone un acompañamiento técnico integral desde etapas tempranas, destinado a revisar seguridad, cumplimiento, calidad, integración y desempeño. En fotovoltaica, una de las soluciones incorporadas es la inspección mediante electroluminiscencia con drones, que permite ampliar la velocidad y cobertura de evaluación.
El objetivo consiste en detectar anticipadamente problemas originados durante fabricación, transporte, instalación, integración o comisionamiento, cuando todavía es posible corregirlos antes de que comprometan garantías, disponibilidad o costos operativos.
La compañía también plantea colaborar con gobiernos para avanzar en procedimientos independientes de evaluación de calidad, seguridad y desempeño, especialmente ante la multiplicidad de proveedores y tecnologías disponibles.

