La manera en que se realizan los cambios regulatorios también tiene consecuencias. La prolongada incertidumbre en torno a la modificación del reglamento, sumada a las nuevas condiciones definidas para el sector, provocó una desaceleración de las inversiones en nuevos proyectos, el cierre de algunas empresas del segmento y un aumento de la concentración del mercado.
Este efecto debe considerarse al diseñar futuras modificaciones: la regulación necesita evolucionar, pero también debe entregar señales claras, estabilidad y horizontes razonables para quienes toman decisiones de inversión.
Revisar las reglas no solo es legítimo, sino también necesario. Sin embargo, una buena política pública no debe evaluar las tecnologías únicamente por sus costos más visibles e inmediatos. Durante el debate regulatorio, gran parte de la atención se centró en los costos directos asociados a los pequeños medios de generación distribuida.
Sus beneficios, en cambio, tuvieron una presencia menor. Esto ocurre porque algunos costos pueden registrarse mensualmente, mientras que ventajas como la resiliencia, la competencia, la inversión regional o la reducción de la dependencia de las redes de transmisión se distribuyen entre distintos actores y se manifiestan en plazos más largos.

Que un beneficio sea más difícil de medir no significa que no exista. Una regulación equilibrada debe considerar tanto los costos inmediatos como el valor que la generación distribuida entrega al sistema y a los usuarios. Chile no tiene que escoger entre generación de gran escala y generación distribuida. Necesita ambas, porque cumplen funciones diferentes y complementarias dentro del sistema eléctrico
Concluida esta etapa, la prioridad debiera ser construir una agenda que permita aprovechar de mejor forma las capacidades de la generación distribuida. Una de las alternativas es facilitar su participación en las licitaciones de suministro destinadas a clientes regulados.
También es necesario revisar las barreras que dificultan la entrega directa de energía a clientes libres y desarrollar mecanismos de fomento en lugares donde la generación cercana al consumo puede generar beneficios sociales y operacionales especialmente relevantes.
La generación distribuida puede convertirse en una herramienta de desarrollo territorial. Su mayor valor aparece precisamente donde el sistema convencional enfrenta más dificultades para responder de manera oportuna y eficiente.
Una regulación moderna debe ser capaz de reconocer los aportes diferenciados de cada escala de generación y orientar esos aportes hacia necesidades concretas de los usuarios. La transición energética no se construye con una sola tecnología ni con un único tamaño de proyecto.
Se construye combinando soluciones que aporten energía limpia, seguridad, eficiencia, competencia y resiliencia

