La agroindustria chilena comienza a incorporar almacenamiento energético como una herramienta para optimizar el autoconsumo renovable y reducir los costos de electricidad. Agrícola Santa Sara instaló un sistema de baterías en su lechería del valle de Casablanca, donde ya contaba con una planta fotovoltaica de 424,08 kWp.
El proyecto combina generación solar, inversores, almacenamiento e infraestructura eléctrica inteligente y fue desarrollado junto a Alken Energía, EMAT y Huawei. La inversión total se ubica entre USD 350.000 y USD 450.000, considerando tanto el sistema fotovoltaico como la solución BESS.
Hasta ahora, la operación disponía de 684 paneles solares y tres inversores de 100 kW. Si bien esa infraestructura permitió reducir significativamente el consumo procedente de la red, la compañía continuaba enfrentando costos elevados asociados a los peaks de demanda eléctrica registrados durante determinados procesos productivos, entre ellos la ordeña.
La respuesta fue sumar inicialmente 107 kWh de almacenamiento y aproximadamente 108 kW de potencia. Actualmente, el proyecto atraviesa una segunda etapa que añadirá otros 215 kWh, llevando la capacidad total a 322 kWh.


El funcionamiento apunta directamente a uno de los principales costos eléctricos de la operación: la demanda máxima de potencia. Las baterías almacenan parte de la electricidad producida por los paneles durante el día y la entregan cuando aumenta el consumo, mediante una estrategia conocida como peak shaving.
Con la configuración definitiva, Santa Sara estima conseguir una reducción de aproximadamente 45 kW de demanda máxima. En una primera instancia se había estudiado una modalidad TOU de potencia fija que contemplaba un recorte de 22 kW.
“Nuestro desafío era aprovechar mejor la energía que ya estábamos generando. La planta solar había reducido significativamente nuestro consumo desde la red, pero seguíamos enfrentando costos relevantes por demanda máxima de potencia”, explicó Gonzalo Marín, gerente de Operaciones de Agrícola Santa Sara.
Según el ejecutivo, la iniciativa busca disminuir esos costos, mejorar la gestión energética de la operación y generar una experiencia que pueda servir como referencia para otras empresas del sector agrícola.
Retorno previsto en menos de tres años
Uno de los puntos centrales del proyecto está en su ecuación económica. De acuerdo con las estimaciones de sus propietarios, la inversión debería recuperarse en un plazo inferior a tres años.
Alken Energía estuvo a cargo de la ingeniería, el dimensionamiento y la integración del sistema con las instalaciones existentes. El desafío consistió en intervenir la infraestructura sin afectar la continuidad de la producción y, al mismo tiempo, dejar preparada la plataforma para incorporar más almacenamiento en el futuro.
“El principal desafío fue diseñar una solución ajustada al perfil de consumo de la operación e integrarla con la infraestructura existente, sin interrumpir el proceso productivo. El resultado es un sistema escalable que permitirá seguir incorporando almacenamiento”, señaló Álvaro Lorca, gerente general de Alken Energía.
Huawei aportó las baterías, los inversores inteligentes y FusionSolar, la plataforma que permite supervisar en tiempo real la generación fotovoltaica, el almacenamiento y el consumo de la lechería.
“La transición energética no sólo implica generar energía renovable, sino también administrarla de forma inteligente”, sostuvo Felix Chen, gerente de Huawei Digital Power Chile. Para el ejecutivo, este tipo de proyectos muestra cómo los BESS pueden aumentar el autoconsumo y mejorar la competitividad de actividades como la agroindustria.
EMAT, en tanto, se encargó del suministro de los equipos, la puesta en marcha y el acompañamiento técnico.
Las baterías buscan espacio detrás del medidor
El proyecto muestra una aplicación del almacenamiento distinta de los grandes BESS que se despliegan junto a centrales renovables. En este caso, las baterías se instalan detrás del medidor y directamente en una operación productiva, con el ahorro en la factura eléctrica como uno de sus principales objetivos.
La lógica también cambia el aprovechamiento de una planta fotovoltaica ya existente. En lugar de limitarse a consumir electricidad cuando los paneles están produciendo, la empresa puede guardar parte de esa energía y utilizarla cuando su perfil de demanda lo requiera.
El modelo es escalable y puede extenderse a otros sectores con consumos intensivos o peaks pronunciados, como minería, manufactura, acuicultura, viñas, centros logísticos, data centers, hospitales y edificios comerciales.
Para Santa Sara, la apuesta ahora pasa por sacarle más rendimiento a sus 424,08 kWp solares mediante 322 kWh de almacenamiento, reduciendo simultáneamente la potencia requerida de la red y los costos asociados a los momentos de mayor consumo.

