El avance de los fabricantes chinos en el ranking global de aerogeneradores vuelve a abrir una pregunta clave para la industria: ¿puede China repetir en eólica el dominio tecnológico e industrial que ya consiguió en la fotovoltaica?
La inquietud surge de un dato contundente: ocho de las diez empresas líderes en ventas de aerogeneradores en 2025 fueron chinas. Además, por primera vez, los cinco mayores fabricantes del mundo por capacidad instalada también fueron compañías de ese país.
Sin embargo, Ben Backwell, CEO del Global Wind Energy Council (GWEC), plantea una lectura más matizada. Ayer, en el marco del streaming de Energía Estratégica, en conversación con Gastón Fenés, el referente global del sector advirtió que la eólica tiene una dinámica industrial distinta a la solar.
“Creo que va a ser diferente”, sostuvo Backwell al ser consultado sobre si la eólica podría seguir el mismo camino de concentración que la fotovoltaica.

El dato que marca el avance chino
El reporte de GWEC muestra que Goldwind lideró el ranking global de fabricantes en 2025 con 29,7 GW instalados. Detrás se ubicaron Envision, Windey, Mingyang y SANY, consolidando un top five íntegramente chino.
El número confirma la velocidad con la que China escaló en la industria eólica. Pero también exige una precisión: gran parte de esas ventas se explica por el propio mercado doméstico.
Más del 90% de las instalaciones de los fabricantes chinos se concentró dentro de China. Es decir, el liderazgo global en volumen todavía no implica, necesariamente, una dominación equivalente en los mercados internacionales.
Ese punto es central para Backwell. El CEO de GWEC explicó que la industria china está atravesando un boom interno tan fuerte que buena parte de su cadena productiva sigue enfocada en atender la demanda local.
“El panel solar es prácticamente un commodity”
Para explicar la diferencia con la fotovoltaica, Backwell apuntó a la naturaleza del producto.
“La industria solar tiene una característica muy particular: el panel o módulo solar es prácticamente un commodity. Se puede producir a gran escala en un solo lugar, incluso en megafábricas, y exportar al mundo”, señaló.
La eólica, en cambio, tiene otra lógica. Una turbina no es un producto simple, estandarizado y fácilmente trasladable de un continente a otro. Es un ensamblaje de componentes de gran porte, con exigencias logísticas, adaptación al recurso, condiciones de red, servicios de operación y regulación local.
Por eso, aunque China sea dominante en volumen, la industria eólica conserva una estructura más regionalizada que la solar.
Backwell remarcó que la eólica tiene un “factor natural de localización”. Las palas, por ejemplo, son enormes y difíciles de transportar a largas distancias. En muchos casos, producir cerca del mercado de destino no solo es conveniente, sino necesario para mejorar costos, tiempos y competitividad.
“Hay piezas que tienen más sentido económico si se fabrican localmente. Las palas, por ejemplo, son enormes y normalmente se intenta producirlas lo más cerca posible de los proyectos por razones logísticas”, explicó.
Ese factor ayudó a que la industria eólica desarrollara varios polos industriales: China, Europa, India y Brasil, entre otros. A diferencia de la fotovoltaica, donde la concentración fabril avanzó con fuerza en Asia, la eólica mantiene una cadena de valor más distribuida.
China domina en volumen, pero no todos los mercados
La escala china es indiscutible. Backwell recordó que, en Beijing, la industria había firmado el acuerdo Beijing 2.0 con el objetivo de alcanzar 120 GW anuales.
GWEC estimaba que la cadena productiva tardaría dos o tres años en llegar a ese nivel. Pero, según Backwell, China ya lo alcanzó en 2025 y en 2026 podría superar esa marca.
Ese crecimiento explica por qué muchas compañías chinas todavía no se desplegaron internacionalmente con la misma fuerza que en solar. Primero, porque tienen un mercado interno enorme que abastecer. Segundo, porque no todos los países ofrecen el mismo nivel de apertura.
Asia Central, Arabia Saudita, algunos mercados africanos y Brasil aparecen como destinos más receptivos. Europa y Estados Unidos, en cambio, presentan mayores barreras políticas, regulatorias e industriales.
Estados Unidos: cero turbinas chinas
Uno de los datos más gráficos del nuevo escenario es el caso de Estados Unidos. Backwell fue directo: “En Estados Unidos literalmente no hay nada”.
El mercado estadounidense no incorporó turbinas chinas durante el último año. Además, los flujos comerciales empiezan a modificarse. Algunas empresas que antes exportaban componentes desde China ahora producen en India para abastecer a Estados Unidos.
La geopolítica, la seguridad de suministro y la política industrial pesan cada vez más. La eólica ya no se analiza solo por precio de equipo, sino por empleo, contenido local, tecnología, integración de red y control de cadenas de valor.
Europa protege su base industrial
En Europa, la situación también es distinta a la solar. Backwell indicó que las turbinas instaladas siguen siendo mayoritariamente de empresas europeas.
Los fabricantes chinos intentaron entrar en ese mercado, pero hasta ahora no lograron un avance significativo. Para el CEO de GWEC, esto responde a que los gobiernos europeos miran cada vez más la posición competitiva de su industria, la inversión, el empleo y la política industrial.
En algunos países, el precio será el principal criterio. En otros, la decisión incluirá factores estratégicos. “Vamos a tener un panorama mixto”, resumió Backwell.
Las occidentales siguen fuertes fuera de China
Aunque el ranking global muestra un avance chino, fuera de China las compañías occidentales conservan una posición relevante.
Vestas, Nordex, GE Vernova y Siemens Gamesa siguen teniendo un papel central en numerosos mercados. Vestas, en particular, continúa siendo uno de los fabricantes más diversificados geográficamente.
Para Backwell, esa diversificación importa porque la venta de turbinas no se limita al costo inicial de la máquina. También cuenta la capacidad de ejecutar proyectos en mercados complejos, entender regulaciones, integrar tecnologías, operar con redes eléctricas exigentes y ofrecer garantías de largo plazo.
“No se trata solo del precio de la máquina”, explicó. “También cuenta la capacidad de manejar mercados complejos, integrar tecnologías, trabajar con redes, adaptarse a la política y la regulación local”.
El nuevo eje: integración, no sólo fabricación
La eólica entra en una etapa donde el fabricante no compite únicamente por entregar un aerogenerador más barato. También debe integrarse a sistemas eléctricos más complejos.
La hibridación con solar, el almacenamiento, la gestión de curtailment, los contratos de largo plazo y la necesidad de entregar energía en horarios de mayor valor comienzan a pesar más en el negocio.
Esa transición puede favorecer a empresas con experiencia global y capacidad técnica para operar en mercados regulatoriamente complejos. Pero también abre espacio para nuevos actores que logren combinar precio, fabricación eficiente y localización.
China empieza a producir fuera de China
Backwell también identificó una tendencia clave: las compañías chinas no solo exportarán turbinas o componentes, sino que empezarán a instalar más capacidad productiva fuera de China.
“Frente a las barreras de localización, las compañías chinas empiezan a instalar fábricas fuera de China”, señaló.
Goldwind ya tiene presencia en Camaçari, Bahía, en Brasil. También se observan movimientos en Asia Central, Arabia Saudita, Marruecos y Turquía, especialmente en componentes como palas.
La pregunta, entonces, no es solo cuántas turbinas chinas se venderán en el mundo, sino dónde se fabricarán, bajo qué reglas y con qué grado de contenido local.
Brasil, posible laboratorio regional
Brasil aparece como uno de los mercados más relevantes para observar esta nueva etapa.
Aunque atraviesa un momento de menor dinamismo frente a su potencial histórico, sigue siendo un país con escala, recurso, experiencia industrial, puertos, fabricantes presentes y antecedentes de contenido local.
Para Backwell, Brasil podría convertirse en un modelo donde convivan fabricantes occidentales, chinos y actores locales bajo una política de nacionalización industrial.
El paralelismo con la industria automotriz es inevitable. En los años 50 y 60, países como Brasil exigieron producción local y las grandes automotrices terminaron instalándose. Para Backwell, el mundo actual vuelve a moverse en esa dirección.
“El mundo de hoy no es el mundo abierto de los años 90”, advirtió.
India gana protagonismo
La otra gran pieza del tablero es India. Backwell la considera una de las futuras potencias de la industria eólica.
El país combina crecimiento económico, expansión de la demanda eléctrica, capacidades de ingeniería, población creciente y una necesidad urgente de sustituir carbón por renovables.
“India va a ser una de las grandes potencias del futuro”, proyectó.
Además, no parte de cero. Tiene fabricantes locales como Suzlon, proveedores de componentes, empresas occidentales produciendo para el mercado interno y la exportación, y compañías chinas como Envision con presencia industrial.
Made in India y reglas comunes
Uno de los puntos que Backwell más destacó es que India construyó su mercado bajo una lógica de fabricación local.
Desde el inicio, el país impulsó el concepto de “Made in India”. Eso obliga a que las empresas compitan dentro de un marco donde la localización productiva es parte del negocio.
Para Backwell, ese modelo puede ser una referencia para otros mercados, incluido Brasil: fabricantes internacionales, empresas locales y políticas nacionales compitiendo bajo reglas comunes.
Híbridos y round-the-clock power
India también está empujando un diseño de mercado que puede favorecer a la eólica.
Las subastas de round-the-clock power obligan a entregar bloques de energía más firmes y estables. Eso impulsa proyectos híbridos que combinan eólica, solar y baterías según el recurso disponible, la demanda y la conexión a red.
En ese contexto, la eólica vuelve a ganar valor. No compite solo contra la solar por precio, sino que aporta complementariedad horaria, mayor factor de capacidad y generación en momentos donde el sistema necesita más energía.
India instaló 6,3 GW eólicos el año pasado, un récord para el país. Según Backwell, podría alcanzar entre 10 y 12 GW anuales, lo que la colocaría entre los grandes mercados globales.
La pregunta ya no es solo quién lidera el ranking
El avance chino en eólica es real y ya cambió el mapa global de fabricantes. Pero, según el análisis de Backwell, la industria no necesariamente seguirá el mismo camino que la fotovoltaica.
La diferencia está en la propia lógica del negocio. La turbina exige logística, cercanía industrial, servicios, adaptación al mercado, integración tecnológica y lectura regulatoria.
Por eso, la disputa que viene será más amplia que una carrera de precios. Incluirá fábricas, contenido local, geopolítica, acceso a mercados, cadenas de suministro, alianzas industriales y capacidad de entregar soluciones integradas.
China ya lidera en volumen. Pero la eólica global todavía se define mercado por mercado.

