Brasil prepara un cambio relevante en la operación de la generación distribuida. ANEEL abrió la Consulta Pública 033/2026 para actualizar las reglas de conexión y dar a las distribuidoras mayor capacidad de observar, coordinar y, cuando sea necesario, limitar la operación de recursos conectados a sus redes.
La propuesta modifica el Módulo 3 de los Procedimientos de Distribución de Energía Eléctrica (PRODIST) y reemplaza el enfoque puramente tecnológico por uno centrado en los denominados Recursos Energéticos Distribuidos (RED).
En la práctica, el concepto incluye no sólo generación solar, sino también sistemas de almacenamiento, vehículos eléctricos capaces de inyectar energía a la red, cargas flexibles, electrolizadores de hidrógeno y microrredes.
El cambio busca que las distribuidoras puedan conocer con mayor precisión qué ocurre en sus redes, comunicarse con los recursos conectados y coordinar su funcionamiento cuando existan necesidades operativas.

Eso incluye la posibilidad de establecer límites a la potencia inyectada, bajo una lógica similar a la que ya existe en transmisión, donde el Operador Nacional del Sistema Eléctrico puede ordenar recortes a grandes parques eólicos y solares.
La propuesta no apunta, al menos en esta primera fase, a extender ese nivel de control sobre los millones de pequeños sistemas solares instalados en viviendas.
El foco inicial se encuentra en recursos de mayor escala conectados a distribución. Según la información presentada, ese universo comprende alrededor de 70.000 instalaciones que suman más de 33 GW.
Dentro de ese total aparecen aproximadamente 1500 instalaciones clasificadas como generación distribuida tipo III, entre ellas pequeñas hidroeléctricas y térmicas de biomasa, además de unas 68.000 unidades de minigeneración, que superan en conjunto los 13 GW.
El problema que ANEEL busca resolver está asociado al rápido crecimiento de recursos que no son directamente gestionables por el ONS.
A medida que aumenta la participación de la generación distribuida, especialmente solar, la diferencia entre la energía que el operador observa en el sistema y la producción real detrás de las redes de distribución se vuelve cada vez más relevante para coordinar generación y demanda.
La reforma establece por eso requisitos vinculados con monitoreo, comunicación, respuesta a órdenes, protección, calidad de energía y control de potencia.
También permite diferenciar las exigencias según el tamaño y el impacto de cada instalación, sin obligar a utilizar marcas o tecnologías determinadas.
Baterías y vehículos eléctricos entran en el nuevo esquema
Uno de los cambios más relevantes es que la regulación deja de mirar únicamente a la generación.
ANEEL busca preparar las redes para recursos capaces tanto de inyectar como de absorber electricidad, algo cada vez más habitual con la incorporación de almacenamiento y movilidad eléctrica.
Una batería, por ejemplo, puede cargar en determinados momentos y devolver energía posteriormente. Un vehículo eléctrico con capacidad bidireccional puede desempeñar una función similar, mientras que determinadas cargas pueden modificar su consumo según las condiciones de la red.
El nuevo esquema busca que esas capacidades puedan ser observadas y coordinadas dentro de la operación de distribución.
La propuesta introduce así conceptos de observabilidad, operabilidad y controlabilidad, con el objetivo de que las distribuidoras cuenten con más información y herramientas para gestionar un sistema donde la electricidad ya no circula únicamente desde las grandes centrales hacia los consumidores.
El planteo también abre la puerta a una mayor integración de microrredes y sistemas inteligentes de gestión energética, siempre bajo requisitos de seguridad y calidad del suministro.
La iniciativa fue desarrollada a partir de trabajos del ONS, ANEEL y especialistas de las universidades federales de Santa María y Uberlândia y de la Universidad Estatal del Oeste de Paraná.
La Consulta Pública 033/2026 permanecerá abierta durante 60 días, entre el 10 de septiembre y el 9 de noviembre, para recibir aportes de consumidores, distribuidoras, fabricantes, universidades y otros actores del sector.
Con la reforma, Brasil busca pasar de una red de distribución esencialmente pasiva a otra capaz de ver y gestionar una parte creciente de la generación, el almacenamiento y la demanda flexible conectados localmente.

