Colombia dio el primer paso para convertir su potencial eólico marino en una industria energética real. La Agencia Nacional de Hidrocarburos (ANH) declaró válida la oferta de CI GMF II Coöperatief U.A., sociedad vinculada a Copenhagen Infrastructure Partners (CIP), para desarrollar un parque eólico offshore de 425 MW en el Caribe.
La propuesta corresponde al área BAONS_A_B, localizada en el Polígono B, y comprende una superficie marítima de 139,562 km². La lista definitiva de elegibilidad fue publicada por la ANH el 16 de diciembre de 2025, luego de concluir la evaluación de las ofertas sin recibir observaciones contra el resultado preliminar.
El proyecto requeriría una inversión cercana a USD 1000 millones, de acuerdo con la información oficial difundida por el Gobierno colombiano. La cifra posiciona al desarrollo como una de las apuestas renovables de mayor escala económica impulsadas hasta ahora en el país.
“Colombia marca un hito histórico con la adjudicación del primer proyecto de energía eólica costa afuera de 425 MW en el Caribe”, celebró el Gobierno en su declaración oficial.

El anuncio no implica que el parque esté listo para iniciar inmediatamente su construcción. El resultado habilita la ocupación temporal del área marítima y abre una etapa de estudios, permisos, estructuración técnica, conexión eléctrica y evaluación ambiental, antes de una eventual decisión final de inversión.
Esta precisión es determinante para dimensionar el acontecimiento: Colombia no incorpora todavía 425 MW al sistema eléctrico, pero transforma un recurso teórico en un proyecto con área definida, capacidad declarada y un desarrollador seleccionado.

Cabe recordar que Energía Estratégica había identificado, antes del cierre del proceso, un grupo de desarrolladores y proyectos con posibilidades de competir en la primera subasta eólica offshore de Colombia, entre ellos iniciativas vinculadas a Copenhagen Infrastructure Partners (CIP), BlueFloat Energy, Jan De Nul, DEME y otros actores internacionales interesados en aprovechar el recurso eólico del Caribe. El relevamiento anticipaba una competencia más amplia, aunque también advertía que la participación efectiva dependería del esquema de remuneración, la asignación de riesgos y la certidumbre regulatoria ofrecida por el país.
Finalmente, la lista definitiva de elegibilidad redujo ese universo a una única oferta válida: la presentada por CI GMF II Coöperatief U.A., sociedad vinculada a CIP, para desarrollar 425 MW en el área BAONS_A_B, sobre una extensión de 139,562 km² en el Polígono B.
El primer escalón hacia una meta de 7 GW
El Gobierno proyecta que la eólica marina contribuya a diversificar una matriz históricamente marcada por el peso de la generación hidroeléctrica. El aprovechamiento de los vientos del Caribe permitiría sumar una fuente renovable complementaria, aunque requerirá reforzar redes y planificar adecuadamente su integración.
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“Este logro convierte a Colombia en pionera de América Latina en el desarrollo de energía eólica marina”, afirma el Ejecutivo. La condición pionera debe leerse dentro de esta primera adjudicación competitiva y del avance regulatorio, ya que varios países latinoamericanos también preparan marcos y proyectos offshore en distintas etapas.
El objetivo de largo plazo es considerablemente mayor. “Este proyecto sienta las bases para alcanzar la meta de 7 GW de capacidad offshore al 2040”, indica la declaración oficial.
Los 425 MW adjudicados representan alrededor del 6,1% de esa aspiración nacional. Para cubrir la diferencia, Colombia necesitaría promover sucesivas rondas, garantizar áreas adicionales, desarrollar infraestructura portuaria y coordinar la expansión de la transmisión con los calendarios de los futuros parques.
El desafío financiero también será significativo. Si bien no resulta correcto extrapolar linealmente el presupuesto de una iniciativa a toda la meta —porque los costos varían según profundidad, distancia a costa, tecnología y escala—, la ambición de 7 GW anticipa inversiones acumuladas de varios miles de millones de dólares.
De la promesa energética a una nueva industria offshore
El proceso competitivo fue diseñado para otorgar permisos de ocupación temporal sobre áreas marítimas destinadas a generación eólica costa afuera. La ANH sostiene que la ronda forma parte de los instrumentos creados para acelerar las fuentes no convencionales de energía renovable bajo la estrategia de Transición Energética Justa.
“Este proyecto, con una inversión cercana a USD 1.000 millones, impulsará la generación de empleo, la transferencia de tecnología y el desarrollo de una nueva industria para el país”, señala la comunicación gubernamental.
La escala industrial excede la instalación de aerogeneradores. Una cadena offshore exige puertos capaces de manipular componentes de gran tamaño, embarcaciones especializadas, infraestructura eléctrica submarina, servicios de ingeniería, monitoreo ambiental y personal certificado para trabajar en alta mar.
“Impulsará la generación de empleo”, enfatiza el Gobierno al describir uno de los impactos esperados. La materialización de ese objetivo dependerá del nivel de contenido local que alcance el proyecto y de la capacidad colombiana para capturar actividades de fabricación, ensamblaje, operación y mantenimiento.
La ANH plantea que los términos de la ronda buscan reflejar el estado de la industria eólica costa afuera y atraer capital internacional, aprovechando la posición geográfica del país y su recurso renovable. El organismo también vincula el proceso con la reducción de emisiones y la transformación tecnológica del sector energético.
“El desarrollo permitirá diversificar la matriz energética”, sostiene el Gobierno. Esa diversificación será especialmente relevante para reducir la exposición del sistema a las variaciones hidrológicas, aunque la energía offshore deberá complementarse con transmisión, flexibilidad operativa y mecanismos de respaldo.

