México avanza en una convocatoria para incorporar 935 MW de Sistemas de Almacenamiento de Energía Eléctrica (SAEE) stand alone, todos con una duración requerida de tres horas.
El llamado abre una nueva competencia entre desarrolladores, integradores y fabricantes de baterías. Sin embargo, el desafío no estará limitado al precio o la disponibilidad de equipos. La localización, el desempeño proyectado y la capacidad de responder a cada punto de interconexión tendrán un peso central.
En ese escenario se prepara Sungrow, fabricante que busca trasladar al mercado mexicano la experiencia acumulada en otros países de Latinoamérica.
“Estamos viendo ya señales claras tanto del Gobierno como de la parte privada en el interés de poder fomentar y llevar a cabo estos proyectos”, manifiesta Francisco Alcalde, Key Account Manager México de Sungrow, durante una entrevista exclusiva en Future Energy Summit México 2026.

La mayor necesidad se concentra en la Gerencia de Control Regional Norte, con 245 MW. Le siguen Oriental, con 180 MW; Noroeste, con 160 MW; Baja California y Peninsular, con 140 MW cada una; Baja California Sur, con 50 MW; y Occidental, con 20 MW.
La convocatoria priorizará los proyectos cuya Entrada en Operación Comercial esté prevista antes de 2030. La autoridad define esa fecha como un “parámetro temporal obligatorio” para validar la firmeza de las propuestas.
El proceso se desarrolla bajo un esquema mixto con participación de la Comisión Federal de Electricidad (CFE). Algunos desarrolladores seleccionados en la primera convocatoria ya evalúan intervenir en este nuevo llamado.
Para Alcalde, México se encuentra ante un punto de partida relevante tras un período de menor actividad energética.
“México es el país emergente en la parte energética con muchos más MW por otorgar dentro de Latinoamérica”, sostiene.
El diseño inicial determinará el resultado durante 25 años
El ejecutivo asegura que la preparación comienza con la identificación de las necesidades concretas del punto de interconexión. A partir de allí se definen la potencia, la duración, la estrategia operativa, la profundidad de descarga y la cantidad de ciclos.
“El tema del diseño inicial, conocer perfectamente cuál es la necesidad en el punto de interconexión, llevar el acompañamiento y la trazabilidad de la tecnología”, enumera Alcalde.
Aunque los tiempos para presentar propuestas son acotados, los proyectos deberán operar durante varias décadas. Según el directivo, el Gobierno solicita una vigencia estimada de entre 20 y 25 años.
Por esa razón, el fabricante deberá respaldar no solo el suministro de los equipos, sino también las garantías, el mantenimiento, las reposiciones y los niveles de disponibilidad durante todo el contrato.
“Tienes que tener un track record comprobable. Tienes que tener la experiencia necesaria para poder no solamente poner el equipo, la tecnología adecuada, sino darle una asertividad y una disponibilidad adecuada para este tipo de proyectos al cliente final”, enfatiza.
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El desempeño dependerá de variables como las condiciones ambientales, el régimen de carga y descarga, la gestión térmica y la degradación de las celdas.
Para competir por los 935 MW, los fabricantes deberán dimensionar sus propuestas considerando el final de la vida útil y no solo la entrada en operación. Cabe recordar que la Secretaría de Energía de México (SENER) priorizará aquellos proyectos standalone que puedan entrar en operación en 2030.
Para prepararse ante el proceso mexicano, Sungrow busca aprovechar su trayectoria en diferentes mercados latinoamericanos. La empresa registra su mayor volumen regional en Chile, donde el almacenamiento avanzó con rapidez junto con la expansión fotovoltaica.
De acuerdo con Alcalde, la compañía suma en ese mercado alrededor de 7,5 GW entre proyectos fotovoltaicos, sistemas híbridos y almacenamiento independiente.
Las soluciones instaladas incluyen configuraciones con acoplamiento en corriente alterna y corriente continua. La elección depende del diseño de la planta, la infraestructura existente y el servicio requerido por el sistema.
México no necesariamente replicará las mismas configuraciones. El fabricante deberá trasladar aprendizajes, pero adaptar cada solución a los requerimientos técnicos y regulatorios locales.
“Tenemos en Colombia un poco más de 20 MWh instalados, que tienen una funcionalidad diferente al requerimiento que tienen en Chile”, precisó.
Centroamérica también integra la curva de aprendizaje regional. El ejecutivo destaca avances en fotovoltaica en Guatemala y una mayor actividad vinculada con almacenamiento en Honduras.
“Todos esos casos de éxito nos ayudan a aprender. Esa curva de aprendizaje que tú debes de tener cuando tienes un proyecto te lleva a un éxito”, afirmó.
Las prisas elevan el riesgo de omisiones
Los tiempos acotados de la convocatoria agregan presión sobre los equipos de ingeniería. “Una de las omisiones claras son las prisas. Vamos con mucha prisa. Necesitas conocer los parámetros, ver las curvas, cómo se va a degradar, cómo lo vas a comportar, cuántas veces lo vas a descargar, el nivel de descarga”, explicó el directivo.
La degradación no representa solamente una cuestión técnica. También afecta la estructura financiera de los proyectos, debido a que determina la energía disponible, los costos de reposición y la capacidad de cumplir con los compromisos contractuales.
Por ello, un precio inicial más bajo no garantiza una propuesta más competitiva. Una batería incorrectamente dimensionada puede perder capacidad antes de lo previsto, aumentar sus períodos de indisponibilidad y requerir inversiones adicionales durante la operación.
El cronograma obliga a compilar rápidamente información de red, perfiles de operación, condiciones ambientales, garantías y modelos de degradación. No obstante, acelerar esa evaluación puede trasladar riesgos hacia las siguientes décadas.
“Vienen tan rápido que tenemos que hacer un análisis que lleva un tiempo. Todo esto hay que gestarlo, hay que trabajarlo, hay que compilarlo”, puntualizó Alcalde.
Para el fabricante, la convocatoria representa una oportunidad relevante, pero también una prueba técnica. El éxito dependerá de combinar velocidad, experiencia y un diseño capaz de sostener tres horas de almacenamiento durante hasta 25 años.

