Energy Technologies reforzó su capacidad industrial en España para posicionarse en dos de los segmentos que identificó como motores de crecimiento hacia 2030: centros de datos y almacenamiento energético.
¿Cómo lo hizo? En una primera instancia la compañía puso en marcha un nuevo hub productivo en León, con el que superó los 16.000 m² de instalaciones propias, y amplió su capacidad para fabricar e integrar soluciones eléctricas destinadas a grandes consumidores.
El movimiento no fue aislado ya que avanzó de la mano una nueva etapa empresarial tras un ejercicio en el que el grupo registró 81,2 millones de euros de ingresos y un EBITDA ajustado de 11,1 millones en 2025, cifras que constituyeron la base de su estrategia para incrementar el peso de negocios de mayor valor añadido y contratos con mayor duración y visibilidad comercial.
En entrevista con Energía Estratégica, Javier Solano, International Business Development Director de Energy Technologies, explicó cómo la transformación del mercado digital había comenzado a trasladarse a la demanda de soluciones eléctricas.

“Observamos un fuerte dinamismo, especialmente entre hyperscalers, operadores de colocation y otros usuarios con grandes necesidades de procesamiento asociadas a la inteligencia artificial y la digitalización industrial”, señaló.
Para responder a este escenario, la compañía reforzó su estructura a través de Energy Technologies Group, que integró capacidades propias de ingeniería, fabricación y puesta en marcha de infraestructura eléctrica, con procesos de verificación en fábrica previos a su instalación.
De la expansión industrial al negocio de data centers y BESS
Según Rystad Energy, la capacidad de los centros de datos en España podría cuadruplicarse hasta alcanzar 3,9 GW en 2030, mientras Portugal se aproximaría a 1 GW. La península ibérica pasaría así de representar el 5,8 % al 11,5 % del mercado europeo.
El desafío estuvo en el acceso eléctrico: España acumulaba más de 12 GW de potencia concedida, frente a una demanda estimada de 3,5 a 4 GW hacia 2030. Además, el proyecto regulatorio del MITECO planteó exigir a instalaciones desde 1 MW un 80 % de suministro renovable con correlación horaria y adicionalidad, mientras la CNMC habilitó modalidades de acceso flexible para determinados consumidores.
La presión también fue global: la AIE proyectó que el consumo eléctrico de los centros de datos prácticamente se duplicaría hasta alcanzar 945 TWh en 2030.
Para Javier Solano el crecimiento de la inteligencia artificial abrió oportunidades que también exigieron mayor cautela en la planificación energética.
“El riesgo no está tanto en la demanda futura como en una posible sobre reserva de capacidad y en la diferencia entre proyectos anunciados y proyectos realmente viables”, sostuvo.
Frente a este contexto, la compañía reforzó su oferta de infraestructura eléctrica a través de Energy Technologies Group, que integró ingeniería, fabricación, instalación y puesta en marcha de soluciones modulares. Entre sus desarrollos destacaron las e-Houses y los centros de datos prefabricados plug & play, con procesos de integración y pruebas realizados en fábrica antes del traslado a los emplazamientos.
“La principal ventaja de este modelo es que permite fabricar e integrar en paralelo a la preparación del emplazamiento, reduciendo los trabajos y la complejidad en campo”, explicó Solano.
En el proyecto de Valdelugo, la empresa contempló módulos de aproximadamente 1,5 MW, cuya incorporación progresiva permitiría acompasar los desembolsos de capital con la evolución del consumo y la disponibilidad eléctrica. Este esquema cobró relevancia en un mercado donde los promotores debían decidir cuánto invertir inicialmente sin tener garantizada la utilización inmediata de toda la infraestructura prevista.
Aquí la firma confirmó que trabajaba en proyectos que abarcaban desde nodos industriales modulares hasta conexiones de alta capacidad en polos logísticos y energéticos, aunque mantuvo bajo confidencialidad las inversiones y potencias involucradas.
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En paralelo, los BESS ganaron protagonismo ante el desafío de garantizar suministro 24/7 y cumplir con mayores exigencias de consumo renovable. Para Solano, la respuesta pasó por combinar distintas tecnologías en lugar de depender exclusivamente de la generación solar.
“La solución pasa por combinar PPAs multitecnología (solar y eólica), generación propia, almacenamiento y una red eléctrica robusta, complementados por generación firme cuando sea necesaria”, explicó.
El almacenamiento permitió abordar un problema concreto: trasladar energía renovable hacia horas de mayor consumo sin comprometer la continuidad operativa. Su configuración, no obstante, debía ajustarse a las necesidades de cada instalación, especialmente ante períodos prolongados de baja producción solar y eólica.
El directivo también anticipó una oportunidad comercial adicional: los centros de datos podrían participar en servicios de ajuste y balance eléctrico, aprovechando las baterías, la gestión de refrigeración y el desplazamiento de cargas de procesamiento no críticas. Esta posibilidad ampliaría el negocio desde la construcción de infraestructura hacia la gestión activa de energía.
España y Portugal ante la batalla por la potencia: el acceso a red redefine las inversiones
Las restricciones de red comenzaron a modificar el mapa de inversiones en España. Según Solano, parte del interés se desplazó desde Madrid hacia Aragón, Extremadura, Castilla-La Mancha y la Comunidad Valenciana, mientras el crecimiento de la inteligencia artificial elevó las exigencias eléctricas de los nuevos desarrollos, con racks que podían superar los 30-50 kW de potencia.
“La infraestructura eléctrica y la capacidad de conexión van a convertirse en uno de los principales factores diferenciadores del mercado de centros de datos durante los próximos años”, afirmó el ejecutivo.
Para Energy Technologies, esta evolución impulsó oportunidades en subestaciones, instalaciones de media y alta tensión y soluciones modulares, capaces de reducir los trabajos de construcción y acelerar la puesta en servicio.
El desafío también alcanzó a la regulación. España incorporó nuevas modalidades de acceso flexible desde septiembre de 2026, mientras el Real Decreto 1183/2020 estableció mecanismos de caducidad de permisos. Sin embargo, la burocracia siguió condicionando las inversiones: según SpainDC, el 91 % de los proyectos sufrió retrasos administrativos.
Portugal ofreció otra señal de la presión sobre las redes. El Gobierno declaró en febrero de 2026 todo el territorio continental como zona de gran demanda eléctrica y abrió un procedimiento extraordinario de asignación de capacidad, que contempló subastas cuando la potencia disponible resultara insuficiente. La medida extendió a escala nacional un mecanismo aplicado previamente en Sines, uno de los principales polos de desarrollo de centros de datos.
En paralelo, España y Portugal buscaron ganar terreno frente al eje europeo FLAP (Fráncfort, Londres, Ámsterdam y París). Según Rystad Energy, Portugal podría alcanzar 1 GW de capacidad de data centers en 2030, mientras ambos países contaban con ventajas en recursos renovables, conectividad submarina y ubicación geográfica.
Para la firma, esa posición favorable no garantizaba la llegada de inversiones. La competitividad ibérica requería acelerar las obras de red y subestaciones, unificar criterios urbanísticos entre administraciones y depurar las colas de acceso mediante cánones y caducidades que liberaran potencia reservada por proyectos sin avances efectivos.
El ejecutivo también incorporó a la agenda el desarrollo de talento especializado y el fortalecimiento de las capacidades europeas de cloud, infraestructura digital y ciberseguridad, con especial atención al cumplimiento de NIS2 y el Esquema Nacional de Seguridad español (ENS).
A estas condiciones se sumaron las nuevas exigencias ambientales. Solano consideró razonable avanzar hacia PUE cercanos a 1,15, mejoras en eficiencia hídrica y aprovechamiento del calor residual cuando existiera viabilidad técnica y económica. La refrigeración líquida amplió las posibilidades de recuperación térmica, aunque su aplicación dependió de la cercanía de consumidores capaces de utilizar esa energía.
Para Energy Technologies, este escenario reforzó las oportunidades de integrar ingeniería, fabricación modular y almacenamiento en proyectos donde la disponibilidad eléctrica, los plazos de ejecución y la eficiencia operativa comenzaron a determinar la competitividad de las inversiones digitales.

