El almacenamiento energético en América Latina atraviesa un cambio de escala sin precedentes. Lo que comenzó como una tecnología aplicada a pequeños proyectos industriales detrás del medidor evoluciona hacia desarrollos utility-scale capaces de transformar la operación de los sistemas eléctricos nacionales.
Durante su participación en Future Energy Summit (FES) México, Gonzalo Feito, director de la región Andina, Caribe y México de Sungrow, describió esa evolución a partir de la experiencia de la compañía en la región.
“Nuestro primer expertise fue aquí en el país, donde tenemos 60 MWh suministrados en diferentes proyectos pequeños para la industria behind the meter. Pasamos de los proyectos de 5 MWh aquí en México a uno de 640 MWh en Chile. Esto nos hizo tener que aprender muy rápido”, manifestó.
La transición no responde únicamente a una mejora tecnológica. Detrás del crecimiento aparecen nuevas necesidades operativas de los sistemas eléctricos latinoamericanos, particularmente asociadas a la integración masiva de energías renovables.

Actualmente, Sungrow acumula 11.5 GW de proyectos de almacenamiento firmados en Latinoamérica, de los cuales más de 4 GW ya se encuentran operativos, una señal de la velocidad con la que el mercado comienza a consolidarse.
Más allá de Chile y México, la compañía observa que el almacenamiento comienza a expandirse bajo distintos esquemas en América Latina. Mientras Argentina impulsa proyectos stand-alone de gran escala, mercados como Guatemala y República Dominicana avanzan con soluciones híbridas que incorporan baterías desde el diseño inicial de los proyectos renovables, una tendencia que anticipa la creciente integración entre generación y almacenamiento en la región.
Chile marcó el punto de inflexión
“El real boom de almacenamiento utility en Latinoamérica entra bajo una necesidad de curtailment que había en Chile con muchísimos desafíos de transmisión”, explicó.
La combinación entre una rápida expansión solar y limitaciones en la infraestructura de transporte obligó a buscar soluciones capaces de absorber excedentes de generación y desplazar energía hacia los horarios de mayor demanda.
“La única manera de disipar estos problemas era a través de la implementación a corto plazo de sistemas de almacenamiento”, añadió.
La magnitud que alcanzó el mercado chileno refleja hasta qué punto el almacenamiento dejó de ser una tecnología complementaria para convertirse en infraestructura crítica. Solo durante los últimos meses, más de 3 GWh de nuevos proyectos BESS ingresaron a tramitación ambiental, consolidando al país como el principal laboratorio de almacenamiento energético de América Latina.
A ello se suma un marco regulatorio cada vez más sofisticado. Recientemente, Chile avanzó en nuevas disposiciones que permiten reconocer y remunerar la energía almacenada en proyectos renovables de menor escala, una señal que busca acelerar la integración de baterías en distintos segmentos del sistema eléctrico.
México se prepara para una nueva etapa
Aunque el boom inicial se produjo en Chile, diversos actores del sector observan que México podría convertirse en uno de los próximos motores del almacenamiento en la región. La diferencia respecto a años anteriores es que hoy comienzan a aparecer señales concretas de demanda.
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Sungrow mantiene una trayectoria consolidada en el segmento fotovoltaico mexicano. Según destacó Feito, la compañía ha suministrado aproximadamente 1.200 MW en proyectos solares desde 2019, manteniendo actividad incluso durante los años de menor dinamismo del mercado. Sin embargo, el ejecutivo reconoce que la siguiente etapa de crecimiento estará cada vez más vinculada al almacenamiento energético, un segmento que comienza a ganar protagonismo a medida que avanzan las nuevas licitaciones, regulaciones y requerimientos de integración de baterías.
Por un lado, se encuentra abierta una convocatoria específica para proyectos de almacenamiento energético. A ello se suma la reciente licitación mixta impulsada por la Comisión Federal de Electricidad (CFE), donde fueron adjudicados aproximadamente 7.400 MW de capacidad y se estableció como requisito un componente mínimo de almacenamiento equivalente al 30% de la capacidad instalada.
Paralelamente, los nuevos esquemas para generación renovable privada también incorporan requerimientos similares de integración de baterías, consolidando una tendencia que hasta hace poco era excepcional en el mercado mexicano.
Paralelamente, México avanzó recientemente en un paquete regulatorio que comienza a definir el rol del almacenamiento dentro del sistema eléctrico nacional. Entre los principales cambios se encuentran el reconocimiento de los sistemas BESS como un elemento independiente dentro de la red, la definición de criterios para su interconexión y la incorporación de lineamientos para su participación operativa junto a centrales de generación renovable.
Este conjunto de medidas busca otorgar mayor certidumbre a los inversionistas y desarrolladores en un momento en que el país intenta acelerar la incorporación
“Vemos sin ninguna duda que el mercado está muy fuerte, muy interesado y muy serio”, sostuvo Feito.
A medida que aumenta la escala de los proyectos, también cambian los criterios de selección de proveedores. Según el ejecutivo, el almacenamiento representa hoy una porción mucho más relevante de la inversión total de los proyectos renovables.
“Lo que se está haciendo ahora es lo correcto. Se están instalando parques solares con un porcentaje de almacenamiento”, destacó. Sin embargo, advirtió que el foco ya no puede limitarse al precio o a las especificaciones técnicas.
“El primer filtro que tiene que pasar una empresa es la bancabilidad. Esta empresa está aquí, es solvente, es bancable, es financiable”, señaló.
La reflexión se alinea con una idea que el propio Feito ha defendido anteriormente al describir a Sungrow como un fabricante que busca competir en el segmento premium del mercado, apoyándose tanto en innovación tecnológica como en capacidad financiera y soporte local.
Para Feito, la siguiente fase del mercado latinoamericano de almacenamiento no estará definida únicamente por la tecnología.
El elemento diferenciador será la capacidad de garantizar desempeño durante décadas.
“De cara al BESS, todo lo que se podría ofrecer de cara al Long-term Service Agreement hasta los 25 años es el punto más importante y clave de cara a ser competitivo en los proyectos de BESS a día de hoy”, concluyó.

