Ocho de cada diez baterías que pasaron por los servicios de reparación de TERA Batteries pudieron volver a circulación. El resultado surge de unas 50 intervenciones y, aunque la compañía admite que la muestra todavía es limitada, refleja el potencial económico e industrial de diagnosticar un pack antes de sustituirlo por completo.
Desde Alicante, TERA construyó su identidad alrededor de un desafío que recién comienza a ganar escala en Europa: determinar qué hacer con las baterías de vehículos eléctricos cuando presentan una falla, pierden prestaciones o dejan de ser aptas para la movilidad.
La empresa se especializó en diagnóstico, reparación, reacondicionamiento y valorización, buscando evitar el descarte prematuro de módulos que todavía conservan capacidad útil. Sobre esa experiencia empezó a desarrollar aplicaciones de segunda vida y soluciones de almacenamiento energético.
El giro no fue casual. El parque eléctrico avanza a un ritmo menor al proyectado y el volumen de baterías que alcanza el final de su primera vida continúa siendo limitado. Ante ese escenario, TERA decidió trasladar su conocimiento a un mercado con oportunidades de negocio más inmediatas.

“Vimos que este segmento podía convertirse en masivo en siete o diez años, pero necesitábamos acortar ese plazo para generar ingresos. El almacenamiento energético encajaba perfectamente con nuestro conocimiento y nos permitió empezar a facturar antes de lo esperado”, explicó David Santiago, CEO y fundador de TERA Batteries.

El nuevo frente: 400 MWh para industrias y comercios
La nueva etapa tiene como protagonista al almacenamiento detrás del contador. TERA asegura que trabaja actualmente en alrededor de 150 proyectos para el segmento comercial e industrial, con diferentes características y necesidades, que en conjunto suponen aproximadamente 400 MWh.
“Estamos muy centrados en el desarrollo de proyectos de almacenamiento mediante sistemas BESS para el segmento C&I, donde estamos detectando una demanda creciente y un importante potencial de desarrollo”, afirmó el CEO.
La cartera incluye iniciativas en distintas fases, aunque la compañía todavía no precisó cuántas se encuentran en estudio, contratadas, en construcción o próximas a entrar en operación. Tampoco reveló su potencia conjunta en MW, el calendario previsto de ejecución ni la inversión que requeriría materializar la totalidad de los proyectos.
Sí adelantó que próximamente podrá brindar detalles sobre algunas instalaciones. Por el momento, su estrategia pasa por analizar cada oportunidad de manera individual y definir qué sistema puede responder mejor a las necesidades del cliente.
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“No entendemos el almacenamiento como un producto estándar que simplemente se distribuye o comercializa. Nuestra fortaleza está en desarrollar soluciones adaptadas a las necesidades reales de cada cliente”, sostuvo Santiago.
Las aplicaciones pueden variar considerablemente entre una industria y otra. Algunas empresas buscan almacenar los excedentes de sus instalaciones fotovoltaicas para utilizarlos cuando cae la generación; otras pretenden reducir picos de demanda, optimizar la potencia contratada o disponer de respaldo para sus cargas críticas.
“Cada instalación tiene unas características diferentes en términos de consumo, generación fotovoltaica, potencia contratada, perfil de demanda, necesidades de respaldo y objetivos de rentabilidad”, detalló.
Por ese motivo, los 400 MWh no corresponden a un único producto ni a una configuración repetida 150 veces. La capacidad, potencia y forma de operación de cada BESS se determinan a partir del comportamiento energético del usuario y del ahorro que podría generar la batería.
El modelo de TERA cubre desde el estudio inicial hasta la operación. “Abarcamos todo el ciclo del proyecto, desde la viabilidad técnica y económica y el análisis de rentabilidad, pasando por el diseño y dimensionamiento, hasta la instalación, el commissioning y el posterior servicio posventa”, enumeró el directivo.
“La cuestión no es simplemente instalar más capacidad de almacenamiento, sino instalar la capacidad adecuada para cada necesidad y conseguir que el sistema genere el máximo valor posible durante toda su vida útil”, agregó.
El avance sobre los BESS coincide con el fortalecimiento de su estructura industrial. La planta de Alicante dispone de una línea piloto de valorización con capacidad para caracterizar más de 1.000 toneladas de baterías al año y prevé incorporar progresivamente más automatización.
A esta expansión se suma el acuerdo con NING SERVICE, compañía integrada en la red global de mantenimiento de CATL. La alianza incorporó a TERA a la estructura de posventa del fabricante y exigió adaptar procesos, trazabilidad y estándares de calidad a una operativa internacional.
La tecnología cumple un papel central. Su sistema combina adquisición de datos, algoritmos e inteligencia artificial para conocer el State of Health, identificar anomalías y determinar si una batería puede regresar al vehículo, destinarse a una segunda vida o debe enviarse a reciclaje.
Ese conocimiento también puede traducirse en importantes ahorros. En un MINI Countryman PHEV, la sustitución completa del pack había sido presupuestada en 15.500 euros. TERA diagnosticó y reparó la batería por menos de 6.000 euros, evitando al propietario un desembolso superior a 9.500 euros.
Con la reparación como punto de partida, CATL como socio estratégico y los BESS como vía de expansión, TERA busca evolucionar desde la movilidad eléctrica hacia una participación más amplia en el ecosistema energético. Ahora deberá convertir una cartera todavía en desarrollo en instalaciones concretas y demostrar si su experiencia con baterías puede escalar hasta convertirse en un segundo gran motor de negocio.

