La industria mexicana comienza a explorar un modelo de eficiencia energética que elimina la necesidad de destinar capital propio a la compra de equipos, aunque supone asumir compromisos contractuales de largo plazo. Bajo este esquema, Atera Energy financia, instala, opera y mantiene los activos, mientras el cliente paga por la energía o el servicio efectivamente recibido.
La propuesta, denominada Energy as a Service, contempla contratos de 12 o 15 años y apunta a optimizar entre 30% y 60% de la energía consumida por las instalaciones industriales. El servicio puede abarcar electricidad, aire comprimido, frío o calor, según las características de cada proceso productivo.
“Firmamos contratos por 12 o 15 años y le entregamos a nuestros clientes industriales el energético, llámese kilovatio, aire comprimido, BTUs”, explicó Luis Felipe Vélez, director general de Atera Energy, durante su participación en Future Energy Summit (FES) México.

El diferencial financiero reside en que la compañía asume el desembolso inicial y conserva la propiedad de la infraestructura instalada. De ese modo, la industria no inmoviliza recursos propios en nuevos activos energéticos y transforma una inversión de capital en pagos asociados al servicio.
“Nosotros somos asset owners y asset managers. No solamente hacemos la inversión sino que nos quedamos con ella y la operamos y la mantenemos”, señaló Vélez.
Este planteamiento traslada hacia el proveedor parte del riesgo vinculado con el diseño, el rendimiento, la operación y el mantenimiento de los sistemas. El cliente, por su parte, mantiene la obligación de pagar por el energético suministrado durante el periodo acordado.
Cabe recordar que los grandes consumidores industriales de México atraviesan un proceso de redefinición de sus esquemas de suministro eléctrico, en paralelo con la búsqueda de soluciones que reduzcan costos, emisiones y exposición a inversiones intensivas en capital.
Los centros de carga que integran sociedades de autoabastecimiento pueden evaluar su migración hacia las figuras previstas en el nuevo marco eléctrico. Entre las alternativas aparece su registro como Usuarios Calificados, aplicable a demandas iguales o superiores a 1 MW, para contratar Suministro Calificado en el Mercado Eléctrico Mayorista. También pueden excluir sus cargas de las sociedades legadas y optar por el Suministro Básico de la Comisión Federal de Electricidad.
Una inversión de 6,5 millones de dólares en México
Atera ya implementó el modelo en una empresa vidriera con operaciones en México, donde llevó adelante la renovación tecnológica de su sistema de aire comprimido. La intervención comenzó con estudios de medición destinados a identificar las pérdidas y oportunidades de eficiencia dentro de la planta.
La compañía asumió una inversión aproximada de 6,5 millones de dólares y se encargó del recambio de los equipos. El sistema entró en funcionamiento pocas semanas antes de la presentación realizada durante el encuentro sectorial.
El caso permite observar cómo el modelo se extiende más allá de la instalación de paneles solares. La eficiencia energética industrial también comprende servicios auxiliares críticos, como el aire comprimido, la producción de frío, la generación de calor y el almacenamiento.
Estos sistemas suelen tener una incidencia directa en los costos operativos de una fábrica. Sin embargo, su modernización puede requerir inversiones elevadas, conocimiento técnico especializado y recursos destinados al mantenimiento durante toda su vida útil.
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“Lo que nosotros desarrollamos para poder impulsar esto es un modelo de negocio muy innovador donde nosotros identificamos a dónde le podemos ayudar a los clientes a optimizar su consumo energético. Diseñamos las soluciones, hacemos las inversiones y tenemos el modelo de ‘Energy as a Service’”, describió el director general.
De acuerdo con el ejecutivo, este mecanismo permite obtener optimizaciones de entre 30% y 60% sobre la energía consumida en los sistemas intervenidos. El porcentaje depende de la tecnología existente, el perfil operativo de la planta y las oportunidades identificadas durante las mediciones. El impacto debe analizarse sobre cada sistema, proceso y contrato, dado que los resultados dependen del punto de partida y del alcance de la solución implementada.
De la autogeneración a los procesos internos
Atera nació hace diez años en Colombia dentro de Celsia, una compañía de servicios públicos con presencia regional. Desde entonces, la firma desarrolla proyectos para acompañar a clientes industriales en la reducción de su consumo energético y en sus estrategias de descarbonización.
“Tenemos más de 200 MW instalados en varios países de Latinoamérica con industriales en autogeneración. Ahora estamos instalando 80 MW de baterías también para servicios industriales”, detalló Vélez.
El portafolio incluye generación distribuida, almacenamiento, soluciones térmicas para optimizar calor y frío y sistemas de aire comprimido. “Esto lo hacemos en Colombia, Panamá, Honduras y ahora en México, donde ya tenemos incluso clientes ya con sistemas de aire comprimido operando acá en el país”, afirmó el director general.
La entrada a México ocurre en un contexto en el que la generación distribuida ya resulta conocida para buena parte de los usuarios industriales. Sin embargo, la intervención directa sobre los procesos internos de las fábricas presenta mayores barreras técnicas y culturales.
Según Vélez, los responsables de ingeniería muestran más apertura cuando se trata de soluciones fotovoltaicas, pero pueden manifestar resistencia cuando un tercero pretende operar sistemas vinculados de manera directa con la producción.
“Cuando hablamos ya de entrar a las plantas de producción, hacer reconversión tecnológica, digamos que hay unas barreras técnicas de los equipos de ingeniería locales de un poco de temor de soltar procesos dentro de su sistema de producción”, reconoció.
Para superar esa barrera, Atera utiliza como referencia la experiencia acumulada con sus clientes y los niveles de servicio establecidos en cada contrato. La compañía asegura contar con 550 clientes, que funcionan como respaldo operativo frente a nuevos proyectos.
La propuesta exige, por lo tanto, una relación más profunda que la compra tradicional de tecnología. El industrial debe evaluar no solo el ahorro esperado, sino también la duración del acuerdo, las garantías de disponibilidad, las penalizaciones, los criterios de medición y la responsabilidad ante una eventual interrupción.
Desde la perspectiva del proveedor, el contrato de largo plazo permite recuperar la inversión realizada y sostener la operación de los activos. Para el cliente, el atractivo está en evitar el desembolso inicial y acceder a una modernización tecnológica sin asignar CAPEX propio.
“Acordémonos que hoy la Agencia Internacional de Energía considera la eficiencia energética como el primer combustible, porque en el mundo se pierde el 60% de la energía que se genera y ahí es donde nosotros actuamos”, agregó.
Bajo esa premisa, el modelo presentado por Atera busca convertir oportunidades de eficiencia en proyectos financiables. La empresa coloca el capital, administra los activos y obtiene ingresos mediante el suministro energético contratado.

