Los 1258 MW adjudicados mediante PEG-5 en 57 proyectos abren una nueva etapa para el sector eléctrico de Guatemala y, al mismo tiempo, exigen ampliar el capital humano disponible para transformar esa capacidad contratada en infraestructura construida, interconectada y operativa.
Desde la Universidad Galileo ya observan señales de que la formación de especialistas no acompaña a la misma velocidad. “Lo que estamos observando es que el crecimiento del sector está avanzando más rápido que la formación del capital humano especializado que necesita”, advirtió M. Sc. Lourdes Socarrás, directora del Instituto de Recursos Energéticos de la academia.
La presión podría intensificarse con los próximos procesos de contratación. Guatemala aprobó la Licitación Abierta 1-2026 para cubrir 300 MW, correspondientes al remanente no adjudicado en PEG-5 y a nuevas necesidades asociadas con el crecimiento de la demanda, mientras la agenda sectorial mantiene en el horizonte nuevas expansiones de generación y transmisión.
La evidencia también aparece en el mercado laboral: los estudiantes y egresados son incorporados rápidamente por compañías del sector y la institución recibe solicitudes frecuentes de profesionales con competencias cada vez más específicas.

El nuevo escenario requiere conocimientos en diseño y desarrollo de proyectos, operación, almacenamiento, digitalización, regulación, mercado eléctrico, transmisión, gestión ambiental y social, gestión territorial, aspectos legales, permisos y estructuración financiera.
PEG-5 permite dimensionar el fenómeno. Los 57 proyectos deberán atravesar distintas instancias de desarrollo, permisos, financiamiento, construcción, interconexión y posterior operación, lo que extiende la demanda de profesionales a prácticamente todo el ciclo de vida de las iniciativas.
“El desafío de capital humano, no está únicamente en tener suficientes ingenieros para construir nuevas plantas, está en contar con todo el ecosistema de profesionales capaz de convertir la inversión y los proyectos adjudicados en infraestructura energética efectivamente construida y operando”, sostuvo Socarrás.
La magnitud de la transformación aumenta al considerar que cerca del 73% de la capacidad adjudicada corresponde a tecnologías renovables, con fuerte presencia de soluciones solares híbridas con almacenamiento.
Además, PEG-5 alcanzó un precio monómico promedio de 101 dólares/MWh, por debajo de los precios de contratación vigentes, según la información adicional proporcionada para este artículo, reforzando la competitividad alcanzada por estas soluciones.
Cada central requerirá estudios técnicos y de factibilidad, estructuración financiera, permisos, evaluación ambiental y social, ingeniería, adquisición de equipos, construcción, conexión, puesta en servicio, operación y mantenimiento. La demanda de capital humano, por lo tanto, comienza varios años antes de que una planta empiece a generar energía.
La simultaneidad de las iniciativas podría acentuar la competencia por perfiles con experiencia específica entre desarrolladores, contratistas y demás compañías involucradas en la cadena de valor.
“Tenemos que comenzar a preparar ese capital humano ahora, no cuando los proyectos estén entrando en construcción”, enfatizó la directiva.
BESS, redes y Project Managers: los perfiles que ganan terreno
Entre los perfiles técnicos que actualmente demanda el mercado aparecen ingenieros eléctricos, electromecánicos y electrónicos, además de especialistas en energías renovables destinados al diseño, construcción, supervisión, puesta en marcha, operación y mantenimiento de proyectos fotovoltaicos aislados y, fundamentalmente, conectados a red.
La transformación del mercado también impulsa profesionales que combinan conocimientos técnicos con capacidades de gestión. Uno de los perfiles que la entrevistada identifica con mayor frecuencia es el Project Manager de proyectos energéticos.
Las empresas buscan especialistas capaces de acompañar una iniciativa desde su planificación hasta la entrada en operación y gestionar simultáneamente ingeniería, cronogramas, costos, contratistas, permisos, seguridad, normativa y relaciones con los distintos actores.
También crece la necesidad de profesionales en sistemas eléctricos de potencia, transmisión, subestaciones, protecciones, automatización y control, indispensables para analizar el comportamiento de una mayor participación de generación renovable variable y mantener una operación segura y confiable.
La infraestructura de transmisión aparece como uno de los puntos más sensibles. Tras el revés de la PET-3, las autoridades guatemaltecas plantearon nuevos procesos para reforzar la red y situaron a la PET-4 entre las prioridades para acompañar el ingreso de generación.
La expansión de la capacidad instalada demandará nuevas líneas, subestaciones, sistemas de protección y control, además de una red con mayor flexibilidad para transportar la producción hacia los centros de consumo.
“Podemos incorporar nueva capacidad de generación, pero necesitamos una red capaz de transportarla de manera segura y eficiente hacia los centros de consumo”, planteó Socarrás.
La institución identificó preocupación dentro del sector por el rezago de las ampliaciones y los tiempos requeridos para ejecutarlas. Generación y transmisión deberán avanzar coordinadamente para que la nueva potencia adjudicada pueda conectarse sin sumar restricciones operativas.
El desafío profesional, en consecuencia, se extiende más allá de las centrales. Guatemala necesitará especialistas capaces de planificar, diseñar, construir y operar la infraestructura eléctrica requerida por el nuevo parque de generación.
El almacenamiento abre otra carrera para especialistas
El segundo gran frente es el almacenamiento energético. PEG-5 consolidó los sistemas de almacenamiento de energía con baterías (BESS) como un componente de la nueva capacidad de Guatemala, particularmente mediante proyectos fotovoltaicos híbridos.
El país dispone de una base técnica y profesionales experimentados, aunque la responsable identifica la necesidad de profundizar conocimientos específicos para responder a la escala que podría alcanzar esta tecnología.
Las normas del Mercado Mayorista ya contemplan generadores solares o eólicos asociados con sistemas de almacenamiento y metodologías destinadas a reconocer su aporte de potencia y energía firme. Con proyectos adjudicados bajo ese esquema, BESS ya genera necesidades profesionales, regulatorias y operativas concretas.
“Pero un sistema BESS es mucho más que incorporar baterías a una planta. Requiere conocimientos de dimensionamiento, electrónica de potencia, sistemas de control, degradación, seguridad, integración a la red y evaluación técnico-económica”, explicó Socarrás.
Una mayor penetración también demandará profesionales capaces de comprender los servicios que estos activos pueden prestar a la red, su operación económica y la interacción con el mercado eléctrico.
Los fabricantes y proveedores de tecnología tendrán un papel relevante en la transferencia de experiencia hacia desarrolladores, integradores y empresas. Para estas últimas, disponer de personal capacitado en nuevas soluciones también puede transformarse en un factor de competitividad.
La ejecutiva propone ampliar esa colaboración mediante un modelo que integre fabricantes, empresas y universidades, aprovechando la experiencia tecnológica del sector privado y la capacidad académica para estructurar conocimientos, investigar y formar especialistas a mayor escala.
La formación, bajo esta lógica, no debería limitarse a una determinada marca. El objetivo es desarrollar fundamentos que permitan evaluar, dimensionar, integrar y operar diferentes soluciones, además de adaptarse a su evolución tecnológica.
“En almacenamiento, como en otras tecnologías emergentes, no deberíamos esperar a tener una escasez de especialistas para comenzar a formarlos; tenemos que anticiparnos y desarrollar esas capacidades mientras, o mejor aún, antes de que la tecnología se incorpore al mercado”, señaló Socarrás.
Cuando varios proyectos comienzan a desarrollarse simultáneamente, los perfiles con experiencia específica pasan a ser disputados por diferentes compañías. La brecha podría hacerse especialmente visible durante las fases de construcción, integración y puesta en servicio de las instalaciones adjudicadas.
IA y digitalización transforman el mapa laboral
Otra de las áreas con mayor proyección es la digitalización del sistema energético, cuyo impacto alcanza prácticamente toda la cadena de valor.
SCADA, automatización, comunicaciones, análisis de datos, inteligencia artificial, mantenimiento predictivo, gestión inteligente de activos y ciberseguridad aplicada a infraestructura energética aparecen entre las competencias que cobrarán mayor relevancia.
Estas herramientas atraviesan centrales de generación, redes, comercialización y la propia gestión del consumo. La convergencia entre conocimientos eléctricos y capacidades digitales podría convertirse así en una de las combinaciones más demandadas.
“Los perfiles que logren combinar conocimiento energético con competencias digitales tendrán una demanda altamente creciente y una ventaja competitiva”, anticipó.
Durante los próximos cinco años, la institución también identifica oportunidades en transmisión y redes inteligentes, eficiencia energética, electromovilidad, generación distribuida, gestión de la demanda y recursos energéticos distribuidos.
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La eficiencia mantendrá un papel destacado en industrias, edificios y grandes consumidores, donde la reducción del consumo mediante procesos y tecnologías más eficientes continúa representando una herramienta económica para optimizar los costos energéticos.
En paralelo, la electromovilidad, la generación distribuida y la gestión de la demanda modificarán progresivamente la relación de los consumidores con el sistema eléctrico y abrirán nuevas necesidades de especialización.
El hidrógeno también ofrecerá posibilidades, principalmente en investigación, industria y aplicaciones específicas. Sin embargo, Universidad Galileo proyecta que almacenamiento, redes, digitalización y eficiencia energética tendrán un impacto laboral más inmediato y amplio en Guatemala durante los próximos cinco años.
Universidad Galileo adapta su formación al nuevo mercado
La velocidad del cambio obliga a modificar también la oferta académica. El Instituto de Recursos Energéticos (IRE) de la Universidad Galileo estructura su estrategia alrededor de tres pilares: actualización permanente de los programas, vinculación con la industria y formación con un fuerte componente práctico.
La actualización curricular incorporó o fortaleció contenidos como almacenamiento de energía, generación distribuida, electromovilidad, inteligencia artificial aplicada al sector eléctrico, digitalización, gestión de activos, análisis de datos, sostenibilidad y nuevos modelos de negocio energético.
Estos conocimientos se complementan con las bases de ingeniería, energías renovables, eficiencia energética, sistemas eléctricos, regulación y mercado, con el objetivo de formar especialistas sin perder una visión integral del funcionamiento del sector.
Una de las características del modelo es que gran parte de los docentes se desempeña directamente en empresas, instituciones y proyectos relacionados con generación, regulación, comercialización, eficiencia energética, desarrollo y gestión.
“Eso hace que al aula no llegue solamente la teoría; llegan también los problemas que hoy enfrenta la industria, las decisiones que se están tomando, los casos reales y las lecciones aprendidas”, destacó la ejecutiva.
La institución también realizó inversiones para fortalecer laboratorios donde los estudiantes trabajan con sistemas fotovoltaicos conectados y aislados de la red, energía solar térmica, sistemas eléctricos, eficiencia energética, eólica, tecnologías eficientes de cocción, combustibles y biocombustibles, hidrógeno y otras tecnologías.
La formación práctica busca que los futuros profesionales puedan medir, experimentar, analizar, equivocarse y resolver problemas antes de enfrentarlos dentro de una empresa o proyecto.
A ello se agregan visitas técnicas, conferencias, proyectos, investigación aplicada y espacios de intercambio con compañías, instituciones y especialistas, que permiten conocer las distintas dimensiones técnicas, económicas, regulatorias y sociales detrás de cada desarrollo.
La transformación del capital humano tampoco involucra únicamente a quienes ingresarán al mercado laboral. Los profesionales que ya trabajan en la industria deberán actualizar sus conocimientos frente a tecnologías y modelos que hace pocos años tenían una presencia limitada.
Muchos especialistas desarrollaron una parte importante de sus carreras en un sistema energético distinto al que comienza a configurarse. BESS, digitalización, inteligencia artificial, generación distribuida, nuevas tecnologías de control y modelos de negocio exigen nuevas capacidades.
Por ese motivo, la educación continua, los programas de posgrado y la formación especializada adquirirán mayor relevancia.
El IRE ya desarrolla programas de fortalecimiento de competencias en colaboración con empresas e instituciones mediante convenios que permiten diseñar capacitaciones adaptadas a las necesidades de los equipos y a los nuevos desafíos sectoriales.
Esta vinculación funciona en ambas direcciones: las organizaciones acceden a programas ajustados a sus requerimientos y la academia obtiene información sobre problemas reales, tecnologías emergentes y nuevas competencias que luego puede trasladar a sus programas.
“La empresa deja de ser únicamente quien recibe al profesional que formó la universidad y pasa a participar activamente en el desarrollo y actualización del talento que necesita el sector”, sostuvo la directora.
La colaboración puede extenderse mediante especialistas de la industria dentro de los programas académicos, prácticas profesionales, visitas técnicas, análisis de casos reales, proyectos de investigación aplicada, acceso a nuevas tecnologías y participación conjunta en eventos.
El objetivo es construir un ecosistema permanente de formación y actualización en el que academia, empresas, instituciones, reguladores, fabricantes y otros actores compartan la responsabilidad de desarrollar el capital humano.
Transmisión, regulación y permisos también condicionarán el crecimiento
El capital humano deberá desarrollarse en paralelo con la resolución de desafíos estructurales. Lourdes Socarrás reconoce cuatro frentes especialmente relevantes: transmisión, regulación, tramitación de proyectos y geotermia.
El primero es considerado el más urgente. La incorporación de generación requiere una red capaz de transportar la producción de forma segura y eficiente, por lo que las ampliaciones deberán ejecutarse coordinadamente con el crecimiento de la capacidad instalada.
El segundo desafío consiste en modernizar la regulación sin perder las condiciones que otorgaron estabilidad al mercado durante las últimas décadas.
Guatemala cuenta con un mercado eléctrico respaldado por la Ley General de Electricidad y desarrollado durante casi tres décadas. La incorporación acelerada de nuevas tecnologías exige evolucionar las reglas preservando estabilidad, predictibilidad y certeza jurídica para las inversiones de largo plazo.
El tercer punto pasa por agilizar y coordinar los procesos de desarrollo. Incluso proyectos técnicamente viables, con financiamiento y condiciones favorables, pueden enfrentar retrasos por servidumbres, permisos municipales, licencias, trámites ambientales o intervenciones de múltiples instituciones.
La necesidad pasa por lograr procedimientos más claros, coordinados y previsibles, manteniendo los controles ambientales, sociales y administrativos correspondientes.
El cuarto frente está vinculado con la geotermia. Según las cifras aportadas durante la entrevista, Guatemala posee un potencial geotérmico estimado cercano a 1000 MW, del cual actualmente aprovecha una fracción reducida.
Su capacidad para aportar generación renovable de base y potencia firme adquiere un valor particular frente al aumento de fuentes variables, dado que no depende de las condiciones climáticas y utiliza un recurso disponible en el país.
“Creo que Guatemala debería volver a mirar la geotermia como un recurso estratégico para la seguridad y la transición energética del país”, manifestó la académica.
El desarrollo de ese potencial requerirá condiciones regulatorias, institucionales y financieras adecuadas a proyectos con inversiones iniciales elevadas y períodos de maduración superiores a los de otras tecnologías.
A estos cuatro desafíos se suma la necesidad de fortalecer la planificación de largo plazo, integrando generación, transmisión, distribución y crecimiento de la demanda dentro de una misma visión del sistema eléctrico.
El país cuenta con diversidad de recursos renovables y experiencia acumulada en hidroelectricidad, solar, eólica, biomasa y geotermia, además de un mercado eléctrico competitivo y una posición estratégica dentro del Mercado Eléctrico Regional.
La respuesta obtenida en PEG-5 también confirmó el interés inversor. La siguiente etapa plantea evolucionar desde un mercado atractivo para instalar renovables hacia uno capaz de desarrollar soluciones energéticas integrales que combinen generación, almacenamiento, digitalización, eficiencia energética, electromovilidad y nuevos modelos de negocio.
Ese proceso abre oportunidades para que Guatemala se consolide como uno de los mercados energéticos más dinámicos de Centroamérica, siempre que transmisión, regulación, capacidad institucional y formación profesional acompañen el ritmo de inversión.
Para Socarrás, el capital humano debe empezar a considerarse como parte de la infraestructura necesaria para el crecimiento del sector. Recursos renovables, financiamiento, tecnología y proyectos adjudicados necesitan profesionales que conviertan esas condiciones en activos construidos, conectados y operados de manera segura y eficiente.
El reto exige una estrategia de largo plazo y una responsabilidad compartida entre universidades, empresas, instituciones públicas, fabricantes y demás actores, tanto para formar nuevos especialistas como para actualizar a quienes actualmente participan y lideran la transformación.
“Si Guatemala consigue acompañar la inversión en infraestructura energética con una inversión equivalente en conocimiento y talento, la transición energética puede convertirse no solamente en una oportunidad ambiental, sino también en una extraordinaria oportunidad de desarrollo económico, innovación y generación de empleo especializado para el país”, concluyó.

