El crecimiento de la cartera fotovoltaica en México abre un desafío que trasciende la disponibilidad de módulos, inversores, permisos o capital: contar con suficiente personal preparado para construir los nuevos proyectos dentro de los plazos previstos. La expansión simultánea de varias centrales podría aumentar la competencia por instaladores, supervisores y técnicos eléctricos especializados.
La primera convocatoria de esquemas mixtos entre la Comisión Federal de Electricidad (CFE) y desarrolladores privados adjudicó alrededor de 6710 MW fotovoltaicos, dentro de un paquete renovable total de 7.411 MW. A esa cartera se suman más de 4600 MW solares contemplados por la empresa estatal para sus nuevas convocatorias privadas y mixtas.
Además, México ya dio una primera señal de esa aceleración en diciembre de 2025. La Secretaría de Energía presentó los resultados de la convocatoria para la atención prioritaria de proyectos privados de generación e interconexión, mediante la cual se seleccionaron 20 centrales por 3320 MW. Del total, 15 iniciativas fotovoltaicas concentraron 2.471 MW y otras cinco correspondieron a proyectos eólicos.
Cabe recordar que muchos de los proyectos adjudicados tienen fecha de operación comercial para 2029. Ante ese volumen de capacidad, la disponibilidad de trabajadores puede convertirse en un factor crítico para la ejecución. Héctor Erdociaín, Chief Strategy Officer y Chief Technology Officer de Chemik Group, advierte que el mercado deberá encontrar nuevas formas de organizar la construcción de las centrales.

“Ahora mismo en México va a haber una explosión de construcción y no va a haber gente preparada para esa construcción, eso lo tenemos todos claro”, manifiesta el directivo durante su ponencia.
Frente a esa perspectiva, Chemik propone trasladar a los parques fotovoltaicos un modelo de industrialización similar al utilizado en la industria automotriz. La compañía busca que una mayor cantidad de tareas lleguen resueltas desde fábrica, con componentes preparados, comprobados y listos para ensamblarse en campo.
La advertencia no apunta únicamente a la cantidad de trabajadores disponibles. También comprende la formación requerida, el control de calidad en campo y la capacidad de replicar procesos técnicos en numerosos proyectos que podrían avanzar de forma paralela en distintas regiones del país.
Industrializar la obra para reducir la dependencia de especialistas
“En estos 25 años, nuestro foco se ha basado en que nuestro core ha sido la innovación y la industrialización”, explicó Erdociaín.
El ejecutivo señala que la experiencia de la firma proviene del sector automotor, donde la repetibilidad de los procesos, la estandarización y el control de cada componente resultan esenciales. “Nosotros venimos del mundo del automóvil y la industrialización es nuestro fuerte, y eso lo hemos traído a los parques fotovoltaicos”, afirmó.
La lógica consiste en transformar parte de la construcción convencional en un sistema modular o tipo “mecano”. De esta manera, las tareas más sensibles se realizan en un entorno industrial controlado, mientras que el trabajo en terreno se concentra en el ensamblaje y conexión de soluciones previamente verificadas.
“Que tú hagas un producto que sea como un mecano para construir de manera fácil y que cualquier persona con una formación mínima sepa hacerlo, es crucial”, sostuvo el Chief Strategy Officer y Chief Technology Officer de Chemik Group.
La industrialización no elimina la necesidad de especialistas, pero reduce la cantidad de operaciones complejas que deben efectuarse de manera manual en la planta y permite que los técnicos más experimentados se concentren en la supervisión, puesta en servicio y control de calidad.
También podría facilitar una mayor participación de trabajadores de las comunidades cercanas. Como referencia, Erdociaín menciona un suministro reciente de 465 MW en Perú, desarrollado en una zona desértica y con participación de habitantes del entorno del proyecto.
“Está toda la parte eléctrica hecha ya con gente de la zona, con las comunidades de alrededor, que es además lo que más gusta a todo el mundo cuando tú puedes integrar al entorno en tu proyecto”, destacó el directivo.
Este modelo vincula dos necesidades que ganarán relevancia conforme avance la cartera mexicana: acelerar las obras y generar capacidades laborales locales. La formación de personal en las regiones donde se instalarán los parques puede reducir desplazamientos, ampliar la base de proveedores y mejorar la integración territorial de los desarrollos.
No obstante, la simplificación del montaje debe estar acompañada por controles industriales. Erdociaín advierte que la búsqueda del menor costo inicial puede provocar problemas durante la operación si se trasladan al campo tareas que requieren precisión, herramientas calibradas y verificación continua.
“No tenemos que caer en el fallo del CAPEX, porque al final nos vamos a caer en la misma de los de siempre. El OPEX es muy importante y el CAPEX se puede bajar con calidad”, planteó.
Los riesgos de trasladar procesos críticos al campo
Uno de los ejemplos señalados por Chemik corresponde a los conectores fotovoltaicos. Aunque representan una parte pequeña de la inversión total, un engaste defectuoso puede generar puntos calientes, pérdidas eléctricas, indisponibilidad e incluso incendios.
Según explica, la compañía recibe los pines en carretes y utiliza cartas de engaste y sistemas de monitoreo que comprueban la altura de cada unión. Ese nivel de verificación resulta difícil de reproducir de manera consistente en una obra, especialmente cuando existe presión por cumplir cronogramas y una persona debe realizar cientos o miles de conexiones.
“Cuando un instalador que contratas lleva una crimpadora que tiene holgura y un operario te pone 2.000 conectores, tienes 2.000 problemas en el proyecto y nadie lo va a verificar”, alertó el ejecutivo.
La observación muestra que la escasez de mano de obra y el control de calidad no son desafíos independientes. Un mercado con alta demanda de instaladores puede incorporar personal con menor experiencia, multiplicar la rotación laboral o reducir el tiempo disponible para capacitar y supervisar cada tarea.
La propuesta industrializada busca disminuir esa exposición mediante arneses, cableados, cajas y conjuntos previamente fabricados. Chemik abarca soluciones ubicadas entre el módulo y el inversor, con el objetivo de reducir intervenciones manuales y adaptar la arquitectura eléctrica a las condiciones de cada planta.
La compañía ya aplicó esa estrategia en un proyecto fotovoltaico de 110 MW en Taiwán, diseñado a cuatro metros de altura para soportar el eventual ingreso de un tsunami. La estructura original elevaba considerablemente el costo de capital, por lo que la firma rediseñó la arquitectura eléctrica de la central.
“Le rediseñamos toda la planta entera y le ahorramos USD 11 millones. Toda nuestra instalación iba por la parte de arriba de tal manera que si hubiese un tsunami no afectaría la planta para nada”, aseguró Erdociaín.
La solución consistió en instalar los sistemas eléctricos en la parte superior y centralizar los inversores junto al transformador mediante una Central Virtual Station. Desde allí, la energía se transportaba con cable de aluminio y arneses premontados, evitando que una eventual entrada del mar afectara los elementos críticos.

