España se prepara para incorporar una nueva fuente de demanda eléctrica. La aprobación del Plan Auto+, el futuro mercado de e-credits y el crecimiento de las matriculaciones anticipan una mayor penetración del vehículo eléctrico, pero su impacto sobre el sistema energético no se limitará a sumar consumo.
Arturo Pérez de Lucia, director general de Asociación Empresarial para el Desarrollo e Impulso de la Movilidad Eléctrica (AEDIVE), estima que el parque vehicular circulante español consume actualmente unos 330 TWh de energía al año.
Su conversión completa a tecnología eléctrica reduciría esa cifra hasta aproximadamente 120 TWh.
La diferencia supone un ahorro de 210 TWh, equivalente al 64%, debido a la mayor eficiencia del motor eléctrico frente al de combustión.
El cálculo no implica que España deba generar 120 TWh adicionales de electricidad de manera inmediata. La sustitución del parque será progresiva y dependerá del ritmo de matriculaciones, la renovación de las flotas y el despliegue de infraestructura.
El Plan Nacional Integrado de Energía y Clima contempla alcanzar alrededor de 5,5 millones de vehículos eléctricos en 2030, una escala suficiente para comenzar a modificar el perfil de la demanda nacional.
El Plan Auto+ puede acelerar el mercado
El Gobierno acaba de activar el Plan Auto+, dotado inicialmente con 400 millones de euros y efectos retroactivos desde el 1 de enero de 2026.
El nuevo modelo sustituye la gestión autonómica del MOVES III por una plataforma estatal y aplica el incentivo directamente en el concesionario. Las ayudas alcanzan hasta 4.500 euros para determinados turismos completamente eléctricos y hasta 5.000 euros para vehículos comerciales ligeros.
La simplificación podría acelerar las matriculaciones durante los próximos meses, aunque AEDIVE advierte que la retroactividad absorberá una parte importante del presupuesto.
Según Pérez de Lucia, entre el 50% y el 60% de los fondos podría corresponder a vehículos adquiridos desde comienzos de año. Por tanto, la continuidad del crecimiento dependerá de que existan recursos suficientes y señales estables para el mercado.
Más vehículos eléctricos implicarán una mayor demanda de electricidad, pero también una oportunidad para aprovechar producción renovable que actualmente encuentra dificultades para incorporarse al sistema.
“Seguimos en España generando energías renovables, pero disipándolas porque nos falta demanda”, señaló el director general de AEDIVE.
Millones de baterías al servicio de la red
La siguiente etapa será la recarga bidireccional. Las tecnologías vehicle-to-grid permitirán que los automóviles no solo consuman electricidad, sino que también puedan devolver una parte cuando la red lo necesite.
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La prioridad seguirá siendo garantizar la movilidad del usuario, por lo que solo una fracción de la capacidad de cada batería estaría disponible. Sin embargo, la agregación de millones de vehículos podría aportar almacenamiento distribuido, reducir picos y responder ante variaciones de la generación renovable.
“Estamos hablando de un eje de demanda energética estratégico que, a futuro, no solo tomará energía de la red, sino que será capaz de entregarla de forma distribuida en otros momentos y ubicaciones”, explicó Pérez de Lucia.
La electrificación del parque vehicular no eliminará la necesidad de reforzar redes, instalar almacenamiento estacionario o ampliar la infraestructura. Pero cambia el balance energético del transporte: España pasaría de emplear unos 330 TWh en combustibles a necesitar aproximadamente 120 TWh de electricidad, con mayor capacidad para utilizar recursos renovables producidos localmente.
Recargar cuando sobra energía
Los vehículos permanecen estacionados durante la mayor parte del día. Esa característica permite desplazar las sesiones hacia las horas de mayor generación renovable, siempre que existan tarifas horarias, automatización y cargadores inteligentes.
La recarga doméstica y laboral ofrece un margen especialmente amplio. En lugar de concentrar el consumo al finalizar la jornada, los sistemas pueden programarlo durante la madrugada o en las horas centrales del día, cuando la producción fotovoltaica suele alcanzar sus máximos.
La demanda tampoco tiene por qué conectarse simultáneamente. Los cargadores pueden escalonar las sesiones, ajustar la potencia disponible y priorizar los vehículos que necesiten completar antes su batería.
Esta flexibilidad permitiría absorber parte de la electricidad que actualmente afronta precios bajos o negativos y episodios de vertido, reduciendo la distancia entre las horas de máxima generación renovable y las de mayor consumo.
El objetivo del Plan Nacional Integrado de Energía y Clima de alcanzar alrededor de 5,5 millones de vehículos eléctricos en 2030 daría escala a esa capacidad. El impacto dependerá, no obstante, del desarrollo de la recarga inteligente y de que las señales económicas premien el consumo en los momentos más favorables para el sistema.
Los e-credits ponen precio a esa nueva demanda
El nuevo Real Decreto de descarbonización del transporte refuerza el vínculo entre movilidad eléctrica y generación renovable al incorporar la electricidad utilizada en la recarga al mercado de certificados.
Los operadores de puntos de recarga podrán actuar como sujetos habilitados, generar e-credits por la electricidad renovable suministrada a los vehículos y venderlos a los proveedores de combustibles obligados a reducir su intensidad de carbono.
El mecanismo no funcionará como una subvención pública. El valor procederá de los sujetos obligados que necesiten adquirir certificados para cumplir sus objetivos de descarbonización.
Su entrada en funcionamiento está prevista para el 1 de enero de 2027. AEDIVE reclama acelerar su implementación porque otros países europeos ya permiten a los operadores obtener ingresos adicionales mediante instrumentos equivalentes.
Ese flujo económico podría ayudar a desplegar nuevas estaciones, sostener emplazamientos con una utilización todavía reducida o trasladarse parcialmente a precios de recarga más competitivos.
En paralelo, el Plan Auto+ podría aumentar las matriculaciones mediante ayudas directas y una gestión centralizada. Cuantos más vehículos eléctricos entren en circulación, mayor será la demanda disponible para absorber producción renovable. El desafío será conseguir que esa carga ocurra cuando el sistema realmente la necesita.
