Chile, la Unión Europea y Alemania dieron un nuevo paso en su cooperación sobre hidrógeno renovable, combustibles limpios alternativos y Power-to-X, con una declaración conjunta que buscó llevar el trabajo bilateral y europeo desde la preparación técnica hacia una etapa más cercana a la inversión.
El acuerdo fue firmado por el Ministerio de Energía de Chile, la Comisión Europea y el Ministerio Federal de Economía y Energía de Alemania, y planteó como próximo objetivo una nueva acción conjunta denominada Team Europe for Renewable Hydrogen and Power-to-X Market Development and Investment Mobilisation in Chile.
La clave estuvo en el cambio de foco. Entre 2023 y 2026, la primera fase de la iniciativa RH2 se había concentrado en generar condiciones habilitantes para el desarrollo del sector. La nueva etapa apuntó a estructurar, financiar y escalar proyectos, además de mejorar la preparación de actores públicos y privados para atraer capital.
Durante la fase anterior, el programa había trabajado sobre evaluación ambiental, asesoría financiera, taxonomía y certificación, además de pilotos vinculados con movilidad limpia, monitoreo ambiental y energía renovable.

Ese trabajo previo dejó una base sobre la cual los socios buscaron ahora avanzar hacia proyectos con mayor madurez comercial.
De las reglas y los pilotos al cierre financiero
La nueva acción conjunta contempló asistencia técnica, desarrollo de capacidades y apoyo directo al desarrollo de proyectos, con el objetivo de mejorar su preparación para inversión.
También incluyó transferencia de tecnología y conocimiento, acceso a mercados y cooperación entre actores chilenos, europeos y especialmente alemanes.
La intención fue que empresas y desarrolladores puedan avanzar desde estudios y marcos regulatorios hacia proyectos con estructuras financieras más claras y mayor posibilidad de ejecución.
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La ministra de Energía, Ximena Rincón, resumió ese salto al señalar que el país ya contaba con una base sólida y que el desafío pasaba ahora por convertir su potencial renovable en proyectos, inversión y empleo.
La embajadora de la Unión Europea en Chile, Claudia Gintersdorfer, también puso el foco en ese punto y planteó que la siguiente etapa debía traducirse en inversiones concretas y cadenas de valor capaces de generar oportunidades en ambos mercados.
Alemania busca ganar espacio en la cadena de valor
La participación alemana añadió otra dimensión al acuerdo.
El secretario de Estado parlamentario del BMWE, Stefan Rouenhoff, señaló que Alemania aportaría conocimiento tecnológico, experiencia industrial y tecnologías innovadoras para ayudar a convertir el potencial renovable chileno en proyectos concretos.
Ese componente dejó ver que la cooperación no se limitó al financiamiento institucional. También buscó reforzar la presencia de empresas europeas y alemanas dentro de futuras cadenas de valor asociadas al hidrógeno renovable y sus derivados.
Chile, por su parte, intentó posicionarse no solo como productor potencial, sino como socio para cadenas energéticas vinculadas con Europa.
La primera fase ya había trabajado en un sistema de certificación compatible con estándares europeos, un punto especialmente relevante para proyectos que aspiraran a vender hidrógeno o derivados en esos mercados.
También había apoyado la modernización del Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental (SEIA) con herramientas y guías específicas para este tipo de proyectos, además de brindar asesoría financiera a desarrollos de hidrógeno y amoniaco verde de gran escala.

