El plan europeo para dejar atrás los combustibles fósiles rusos perdió impulso. Cuatro años después de su lanzamiento, los Estados miembros habían comprometido apenas €54300 millones de los €300.000 millones considerados necesarios para alcanzar sus objetivos, menos de una quinta parte del total.
La advertencia surge del nuevo informe del Tribunal de Cuentas Europeo (TCE) sobre REPowerEU, el programa presentado en 2022 para reducir progresivamente las importaciones energéticas rusas y acelerar el despliegue de renovables, ahorro energético e interconexiones.
“Cuatro años después de su lanzamiento, REPowerEU se ha estancado, a pesar de que se han puesto a disposición varios cientos de miles de millones de euros”, señaló Mihails Kozlovs, miembro del Tribunal responsable de la auditoría.
El organismo detectó además una débil traducción del programa a las políticas nacionales. Según el informe, la mayoría de los planes nacionales de energía y clima no incorporaron medidas ni objetivos específicos suficientes para materializar las metas del esquema europeo.

La brecha entre el volumen de inversión previsto y el efectivamente comprometido lleva a los auditores a plantear dos posibles explicaciones: que las necesidades de inversión hayan sido sobredimensionadas o que exista una dificultad real para convertir los objetivos en proyectos concretos.
El problema no se limita al dinero.
El Tribunal sostiene que la capacidad renovable adicional creada directamente a través del programa es “insignificante” frente al objetivo de 103 GW previsto en el marco europeo. La misma debilidad aparece en las interconexiones energéticas transfronterizas.
En este último frente, los auditores identificaron apenas tres medidas vinculadas específicamente con la expansión de redes transfronterizas en dos Estados miembros, y una de ellas terminó siendo retirada.
Menos gas ruso, pero no todo se explica por el plan
La Unión Europea sí consiguió reducir con fuerza su exposición a los combustibles fósiles rusos desde 2022.
Las sanciones hicieron caer drásticamente las importaciones de petróleo ruso y también disminuyó el peso del gas procedente de ese país.
Sin embargo, el Tribunal advierte que no toda esa caída puede atribuirse directamente al plan europeo. Entre los factores adicionales aparecen varios inviernos suaves y una reducción del consumo provocada por los altos precios de la energía.
Esa distinción es importante porque uno de los objetivos centrales del programa era transformar la crisis energética en una aceleración estructural de renovables, redes y diversificación.
Según los auditores, esa segunda parte avanza mucho más lentamente.
La UE añadió una gran cantidad de capacidad solar y eólica durante los últimos años, pero el TCE diferencia ese crecimiento general del volumen que puede vincularse de forma directa con las medidas financiadas por el programa.
Ahí es donde aparece la mayor distancia respecto de las metas originales.
El informe también llega en un momento en que las redes eléctricas se han convertido en uno de los principales cuellos de botella de la transición energética europea. Sin nueva capacidad de transporte e interconexión, el crecimiento de renovables puede traducirse en mayores restricciones, vertimientos y episodios de precios negativos.
Para los auditores, la experiencia obliga a revisar la implementación del programa en un escenario geopolítico que vuelve a mostrar volatilidad en los mercados internacionales de combustibles fósiles.
El riesgo, en definitiva, es que Europa reduzca su dependencia de Rusia sin desarrollar con la misma velocidad la generación limpia, las redes y la infraestructura necesarias para sostener una independencia energética de largo plazo.

