La PEG-5 no solo redefinió la composición de la futura matriz eléctrica de Guatemala. También fortaleció la percepción del país entre bancos de desarrollo, fondos de inversión y financiadores internacionales, que ahora observan un mercado con mayor potencial para canalizar capital hacia nuevos proyectos renovables. Sin embargo, para Juan José Dada, Chief Investment Officer de FMO, el éxito de la licitación representa apenas el primer paso. La verdadera prueba comenzará cuando los proyectos deban superar la etapa de ejecución y demostrar que pueden transformarse en infraestructura operativa.
La subasta adjudicó 1258 MW distribuidos en 57 proyectos, con un claro predominio de tecnologías renovables, que concentraron cerca del 73% de la capacidad asignada. Dentro de ese bloque sobresalió la energía solar con almacenamiento, una combinación que consolidó un cambio tecnológico y despertó el interés de los mercados financieros por las oportunidades que ofrece Guatemala.
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Desde la perspectiva de FMO, el principal resultado de la PEG-5 fue la señal que envió a la comunidad financiera internacional. El proceso competitivo confirmó que Guatemala puede estructurar licitaciones capaces de atraer inversiones de largo plazo y responder a las nuevas necesidades del sistema eléctrico.

"La PEG-5 resultó bastante bien; fue una excelente sorpresa y señal al mercado. El resultado de las tecnologías renovables, como la solar con baterías, tomó posicionamiento", afirmó Dada.
El ejecutivo consideró que el proceso dejó una combinación de factores que fortaleció la confianza de potenciales financiadores y abrió una nueva etapa para el mercado. A su entender, el atractivo ya no se limita a los desarrolladores que obtuvieron contratos, sino que se extiende a entidades financieras interesadas en acompañar el cierre económico de esas iniciativas.
"Ha dado un resultado que en papel se ve excepcional y que llama mucho la atención de financiadores o inversionistas que vendrían a apoyar a quienes ya tienen los proyectos", sostuvo.
La lectura coincide con el análisis de distintos actores del sector, que destacan cómo la licitación consolidó un esquema dominado por soluciones híbridas y reforzó la competitividad de las energías renovables frente a tecnologías convencionales.
La evolución tecnológica también está modificando la manera en que se analizan las inversiones.
Para Dada, los proyectos que combinan generación renovable y almacenamiento exigen estructuras financieras diferentes a las tradicionales, capaces de adaptarse a nuevos perfiles de generación, flujos de ingresos y necesidades operativas.
"Estamos viendo situaciones mucho más interesantes donde se combinan tecnologías, perfiles y flujos energéticos que también nos permiten hacer lo mismo a nivel financiero", explicó.
Según el ejecutivo, esa transformación obliga a los financiadores a desarrollar herramientas más flexibles para acompañar proyectos cada vez más complejos.
"Tratamos de ajustar las estructuras y la capacidad de los inversionistas para atender este tipo de proyectos que ya combinan generación y almacenamiento", agregó.
El protagonismo que alcanzó el almacenamiento durante la PEG-5 refleja precisamente esa evolución. La incorporación de baterías permitió ofrecer soluciones con mayor flexibilidad operativa y responder mejor a las necesidades del sistema, un aspecto que varios especialistas consideran determinante para las próximas licitaciones del país.
Pese al cambio tecnológico, Dada sostuvo que los criterios utilizados por los organismos financieros para aprobar inversiones continúan siendo los mismos.
Los proyectos deben demostrar solidez técnica, viabilidad económica y capacidad para cumplir con sus compromisos. Pero el entorno donde se desarrollan sigue siendo un factor determinante para atraer capital.
"Los requisitos para inversión siguen siendo los mismos que los de cualquier financiamiento, inversión o préstamo que conocemos tradicionalmente", señaló.
Aun así, remarcó que la estabilidad institucional continúa siendo uno de los principales atributos que observan los inversionistas al momento de evaluar un mercado.
"Las condiciones que hacen al país atractivo son la estabilidad y la seguridad. La predictibilidad es muy importante y Guatemala cuenta con buen respaldo a nivel internacional en el sector energético", aseguró.
Precisamente, ese escenario comienza a enfrentarse a una nueva etapa donde la ejecución cobrará un papel central. Aunque la PEG-5 fortaleció la confianza del mercado, diversos actores del sector coinciden en que la capacidad del país para sostener reglas claras y acompañar el desarrollo de las inversiones será determinante para consolidar ese atractivo.
En las últimas semanas, por ejemplo, desarrolladores renovables manifestaron preocupación por cobros impulsados por algunas municipalidades para autorizar proyectos solares, criterios que asociaciones empresariales consideran carentes de respaldo legal y que podrían afectar iniciativas adjudicadas en la PEG-5. Al mismo tiempo, Guatemala avanza hacia la implementación de una nueva ley antilavado que elevará las exigencias de transparencia corporativa y debida diligencia para empresas e inversionistas, un aspecto que cobrará relevancia durante los próximos procesos de financiamiento.
El desafío: transformar contratos en proyectos operativos
Los precios alcanzados durante la licitación también despertaron interrogantes en el mercado sobre la capacidad de algunos desarrolladores para ejecutar las inversiones comprometidas. Sin embargo, Dada diferenció el resultado del mecanismo competitivo de la realidad que enfrentará cada iniciativa durante su desarrollo.
Desde su perspectiva, la subasta cumplió con el objetivo de optimizar la contratación y no observó señales de una competencia que hubiera llevado los valores a niveles insostenibles.
"Vimos un proceso muy interesante y cómo se optimizaron los precios y la colocación de esas capacidades. No sentimos que haya llegado a donde no debió haber llegado", afirmó.
Eso no significa, aclaró, que todos los proyectos logren materializarse. El análisis deberá hacerse caso por caso, considerando aspectos técnicos, financieros y de infraestructura que exceden el resultado de la licitación.
"Si fue el caso a nivel individual, sí podrían existir proyectos que tengan problemas, pero a nivel general nos parece que fue una buena optimización de lo que se tiene que dar", explicó.
En ese sentido, el ejecutivo evitó asociar la competitividad de la PEG-5 con un eventual riesgo sistémico para el mercado. A su juicio, la principal incertidumbre no está en los precios adjudicados, sino en la capacidad de cada desarrollo para avanzar hacia el cierre financiero y la construcción.
Superada la etapa de adjudicación, Guatemala ingresa en una instancia muy distinta. Para FMO, será allí donde realmente se pondrán a prueba la bancabilidad del mercado y la capacidad del país para convertir el interés inversor en infraestructura.
"La subasta tuvo un éxito, pero pasamos ahora a la etapa de implementación y ejecución, y ahí es donde verdaderamente las cosas se hacen realidad", advirtió Dada.
El ejecutivo consideró que cada proyecto deberá resolver cuestiones propias de ingeniería, permisos, financiamiento y construcción antes de entrar en operación. Por eso, remarcó que el éxito de la PEG-5 no garantiza, por sí solo, que toda la capacidad adjudicada llegue a desarrollarse.
"Si los proyectos van a darse todos o no, es otro tema", sostuvo.
Según explicó, ese resultado dependerá principalmente de las características particulares de cada iniciativa, del acceso a la infraestructura existente y de la posibilidad de estructurar un financiamiento competitivo.
Dentro de esos desafíos, FMO identifica uno que atraviesa a todo el sistema: la expansión de la red de transmisión.
El ingreso de una cantidad significativa de nueva generación renovable exigirá acompañar ese crecimiento con infraestructura capaz de transportar la energía hacia los centros de consumo. De lo contrario, parte de la capacidad instalada podría encontrar limitaciones para operar plenamente.
"Hay temas más sistémicos a nivel de la infraestructura, del acceso a la red y de la resiliencia del sistema", explicó Dada.
Por ese motivo, aseguró que FMO sigue de cerca la evolución de los planes de transmisión y analiza alternativas para participar tanto en proyectos de generación como en iniciativas vinculadas al fortalecimiento de la red.
"La transmisión es algo a lo que estamos poniendo atención también a nivel de FMO, para ver cómo podemos apoyar, ya sea dentro de las particularidades de cada proyecto o en procesos más estructurados", indicó.
Su análisis coincide con el momento que atraviesa el mercado guatemalteco. Tras la adjudicación de la PEG-5, las autoridades avanzan en el diseño de la PET-4, licitación que buscará ampliar la red de transmisión luego de las dificultades registradas en la convocatoria anterior y acompañar el ingreso de nueva capacidad renovable.
La bancabilidad se construye más allá de una licitación
La mirada de FMO deja un mensaje que trasciende el resultado de la PEG-5. Para un organismo especializado en financiar infraestructura, la bancabilidad de un mercado no depende únicamente del éxito de una subasta, sino de la capacidad institucional para acompañar el desarrollo de las inversiones durante los años siguientes.
En ese camino, la estabilidad regulatoria, la certeza jurídica, la disponibilidad de infraestructura y la coordinación entre los distintos niveles del Estado serán tan relevantes como la competitividad demostrada durante el proceso licitatorio.
Dada resumió esa visión con una advertencia que sintetiza el desafío que enfrenta Guatemala.
"Sin la estructura y la infraestructura, la generación no se va a aprovechar, no va a poder avanzar", concluyó.
Con una licitación que despertó el interés del capital internacional y posicionó al almacenamiento como uno de los grandes protagonistas de la nueva matriz eléctrica, Guatemala dio una señal positiva al mercado. El próximo examen, sin embargo, ya no estará en la competencia de una subasta, sino en la capacidad del país para transformar 1258 MW adjudicados en proyectos operativos que consoliden la confianza de los inversionistas y sostengan el crecimiento del sistema eléctrico.

