América Latina ya es un mercado emergente para la movilidad eléctrica. Según OLADE, la flota regional de vehículos eléctricos livianos llegó a 444.071 unidades a fines de 2024, un 187% más que el año anterior. Brasil concentra más de la mitad, con unas 237.200 unidades.
Sin embargo, la mayoría de los análisis se centra en las tasas de adopción y no en una pregunta clave para la industria energética: ¿cuánto combustible dejará de consumirse a medida que se electrifica la flota?
Para responderla, Calden desarrolló un modelo que combina la difusión tecnológica de Bass con un umbral económico basado en el período de repago de la inversión. Lo aplicó al estado de São Paulo, el mayor polo de electromovilidad de la región.
El repago, motor de la adopción
El modelo parte de una idea simple: el mercado potencial del vehículo eléctrico se amplía a medida que se acorta el tiempo en que el comprador recupera la diferencia de precio frente a un auto a combustión.
En São Paulo, ese período pasó de unos 30 años en 2011 a cerca de 5 años en 2022. Las causas fueron la caída del costo de las baterías y las exenciones del arancel de importación, de un 35% nominal. Hacia 2045 se proyecta un repago de apenas 2 a 3 años.
Como resultado, el mercado potencial crecería de alrededor del 20% de la flota en 2025 a entre el 37% y el 60% en 2045. El rango depende de la trayectoria de precios del petróleo. El estudio toma los escenarios Referencia, Alto y Bajo del Annual Energy Outlook 2025 de la EIA.
De 1% a más de un tercio de la flota
La participación de los eléctricos en la flota paulista es hoy de alrededor del 1,1%, cerca de lo que estima el modelo. Esa participación comenzaría a acelerarse y alcanzaría entre 5% y 10% en 2030. En 2045 llegaría a entre 38% y 60%, dentro de una flota liviana que pasaría de 21 a 27,2 millones de vehículos.
El punto de inflexión se ubica entre 2028 y 2032. En ese período el stock eléctrico alcanza entre 1 y 2 millones de unidades y el efecto imitación potencia la adopción. Allí coinciden dos fenómenos: la infraestructura de carga se vuelve una restricción visible y la demanda de combustibles empieza a contraerse por primera vez en décadas.
El impacto en los combustibles
El desplazamiento anual de gasolina y etanol, en miles de toneladas equivalentes de petróleo (tep), sería el siguiente:

En 2045, el escenario base implica 7,1 millones de tep evitadas por año, unos 0,14 millones de barriles diarios. Eso equivale al 45,4% de la demanda actual de combustibles de la flota liviana del estado. El rango total va de 0,12 a 0,19 millones de barriles diarios.
Una ventana estrecha para la industria
Para refinadores, importadores y productores de etanol que operan en São Paulo y sus alrededores, el período 2030-2035 es el horizonte de adaptación. En esos años habrá que revisar las proyecciones de demanda, el nivel de procesamiento de las refinerías, la capacidad de almacenamiento y las mezclas de biocombustibles.
El estudio sugiere tomar ese desplazamiento como línea de base para planificar ajustes de portafolio. Eso puede incluir la reorientación hacia combustibles especiales, productos químicos o capacidad exportadora.
Del lado de las políticas públicas, el análisis concluye que la estabilidad de los incentivos fiscales, como el IPI y el IPVA, y la inversión temprana en infraestructura de carga son condiciones necesarias para sostener la adopción. También destaca la necesidad de apoyo específico a modelos de menor precio, para llegar a los segmentos de menores ingresos.
Calden en el ROG.e 2026
Calden participa esta semana en el ROG.e 2026, evento organizado por el Instituto Brasileño de Petróleo, Gas y Biocombustibles (IBP) que se realiza del 21 al 24 de septiembre en Riocentro, Río de Janeiro. Su equipo profesional estará presentando este y otros estudios de actualidad de la industria energética latinoamericana.
