México encara una nueva fase de expansión renovable con 6.754 MW pendientes de asignación, de los cuales 4595 MW corresponden a proyectos fotovoltaicos y termosolares, mientras que los 2159 MW restantes se vinculan con iniciativas eólicas.
Según estimaciones del Centro Nacional de Control de Energía (Cenace), la Comisión Nacional de Energía (CNE) y la Asociación Mexicana de Energía Eólica (AMDEE), esos 2159 MW eólicos podrían movilizar entre USD 4000 millones y USD 5000 millones en inversiones hasta 2030.
El volumen económico potencial convive con una pregunta determinante para desarrolladores, fabricantes, entidades financieras y proveedores: qué condiciones permitirán convertir esa cartera en proyectos construidos y en capacidad efectivamente conectada al sistema.
Para Mehdi Hadbi, Country Head México & Sales Director North Latam de Vestas, la respuesta requiere distinguir dos conceptos que suelen utilizarse como equivalentes, aunque tienen consecuencias diferentes en las decisiones financieras: riesgo e incertidumbre.

“Los riesgos para los inversionistas son algo que pueden manejar porque cualquier riesgo, si tiene un costo, pues se trata de ponerlo en tu modelo financiero y a ver si te gusta el negocio o no”, manifestó Hadbi, en entrevista exclusiva durante Future Energy Summit (FES) México.
En otras palabras, un riesgo identificable puede traducirse en una prima, una tasa de retorno exigida, una cobertura contractual o un mayor costo de financiamiento. La incertidumbre, en cambio, dificulta determinar escenarios y proyectar ingresos, plazos o condiciones operativas.
“La incertidumbre es algo que no se puede cuantificar y es lo que se estaba esperando en México”, advirtió el directivo de Vestas.
La definición coloca el foco más allá de la disponibilidad del recurso eólico o del interés empresarial. México cuenta con proyectos, una cadena de suministro con experiencia y compañías dispuestas a participar, pero necesita que los nuevos mecanismos reduzcan las variables que no pueden incorporarse de manera confiable a los modelos económicos.
“Hay mucho interés en México, proyectos hay. Es un mercado que siempre ha sido competitivo”, sostuvo Hadbi.
La reactivación del sector, por lo tanto, no partiría desde cero. El país cuenta con cerca de 8 GW eólicos instalados, además de una cartera de iniciativas en diferentes etapas de desarrollo y una base industrial integrada por fabricantes de aerogeneradores, desarrolladores, operadores, empresas constructoras y proveedores especializados.
La brecha entre los objetivos y la capacidad adjudicada
En el esquema mixto, la capacidad adjudicada alcanzó aproximadamente 700 MW frente a una meta de 2.850 MW. La cifra representa una cobertura cercana al 24,6% del objetivo eólico contemplado, por lo que todavía quedarían 2159 MW eólicos pendientes de asignación para la siguiente etapa.
El nuevo marco también se apoya en una primera etapa de adjudicaciones renovables que comprende 67 proyectos y 12559 MW de capacidad solar y eólica. Del total, 50 centrales fotovoltaicas y termosolares concentran 7.859 MW, mientras que 17 centrales eólicas aportan otros 4.700 MW, según datos oficiales del gobierno.
El resultado contrasta con el avance de otras tecnologías y evidencia que la próxima ola de convocatorias será decisiva para determinar el ritmo de recuperación de la actividad eólica, ya que los proyectos podrán participar mediante modalidades privadas o esquemas de inversión mixta con presencia estatal.
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“Los mecanismos que está impulsando el gobierno en cierto modo dieron un marco, unas reglas de juego que bajan bastante la incertidumbre. El Gobierno está impulsando un diálogo con el sector privado””, explicó el representante de Vestas.
La observación no implica que todos los participantes del mercado compartan la misma evaluación sobre el diseño de esos instrumentos. El punto central para Vestas es que la existencia de procedimientos definidos permite conocer las condiciones bajo las cuales se desarrollarán los proyectos.
A mayor incertidumbre, los inversionistas suelen exigir mayores retornos o postergar sus decisiones. Por el contrario, un marco previsible puede mejorar la bancabilidad de los activos, ampliar la competencia y reducir los costos asociados al desarrollo.
Pero la discusión no se limita al volumen de inversión, sino que la tecnología puede cumplir una función complementaria dentro de la matriz eléctrica mexicana, especialmente por su perfil horario en la tarde-noche, lo que permite a la eólica ser un complemento con otras energías.
La complementariedad entre fuentes no elimina la necesidad de reforzar las redes, incorporar flexibilidad y agilizar la construcción de infraestructura de transmisión. Sin embargo, una expansión coordinada de generación eólica, solar, almacenamiento y redes permitiría cubrir la demanda con una matriz más diversificada.
La posibilidad de movilizar hasta USD 5.000 millones dependerá entonces de que los proyectos cuenten con condiciones técnicas y económicas ejecutables. La capacidad anunciada debe traducirse en contratos financiables, permisos oportunos y puntos de conexión disponibles.
Vestas busca ampliar una operación de 2,7 GW
Dentro de este nuevo escenario, Vestas busca consolidar su presencia como proveedor tecnológico y socio de los proyectos que avancen bajo las modalidades privadas y mixtas.
La compañía ya cuenta con 2,7 GW en operación en México, equivalentes a más de una tercera parte de la capacidad eólica instalada en el país si se toma como referencia un parque nacional cercano a los 8 GW.
“Estamos orgullosos de estar en México, que siempre ha sido un mercado muy clave para nosotros. Buscamos es fortalecer esta posición”, confirmó Hadbi. El volumen instalado le permite a la empresa participar en la siguiente etapa con experiencia en operación, mantenimiento y adaptación tecnológica al mercado mexicano. El objetivo también incluye trasladar aprendizajes obtenidos en otros sistemas eléctricos.
Más allá del suministro de aerogeneradores, Vestas plantea su posicionamiento alrededor de una relación de largo plazo con desarrolladores y autoridades. La compañía pretende intervenir tanto en los nuevos activos como en la optimización del parque existente.
Hadbi considera que “con los avances tecnológicos hoy en día y nuestra visión a largo plazo nos permite ser un socio privilegiado para nuestros clientes”.
Vestas también busca aportar la experiencia acumulada en otros países para acompañar el diseño y ejecución de proyectos dentro del nuevo marco mexicano. “Se trata mucho del know-how que tenemos en varios mercados para que sea esta transición una transición energética justa y social”, agregó el especialista.
La próxima etapa definirá si México puede transformar su cartera renovable en una verdadera ola de construcción. Los 2.159 MW eólicos pendientes y los USD 5.000 millones potenciales constituyen una oportunidad concreta, pero no garantizan por sí solos el avance de los proyectos.

