La transición energética está modificando no solo la composición tecnológica de los sistemas eléctricos, sino también la estructura de su fuerza laboral. Sin embargo, la incorporación de mujeres avanza de manera desigual entre tecnologías, funciones técnicas y espacios de decisión.
Según datos de la Agencia Internacional de Energías Renovables (IRENA), las mujeres representan actualmente el 32% de la fuerza laboral a tiempo completo en energías renovables a nivel global. La participación aumenta hasta el 40% en la industria solar fotovoltaica, el porcentaje más alto entre los subsectores analizados por el organismo.
El contraste aparece en otras tecnologías y, especialmente, al observar las posiciones de mayor responsabilidad. IRENA ubica la participación femenina en 21% dentro de la industria eólica, 28% en puestos relacionados con ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas (STEM), 22% en empleos de cualificación media y apenas 19% en alta dirección o consejos de administración.


En Colombia, Natalia García, CEO de Enermant, identifica una dinámica similar. La ejecutiva estima que las mujeres representan actualmente entre 30% y 33% del segmento renovable colombiano, aunque su participación disminuye cuando se analiza el sector energético en toda su cadena de valor.
Para la CEO de Enermant, esta diferencia entre las renovables y los segmentos tradicionales tiene relación con la forma en que se desarrollaron las nuevas industrias energéticas y el perfil de las compañías que ingresaron inicialmente al mercado.
La ejecutiva señala que buena parte de quienes comenzaron a desarrollar estos negocios pertenecían a generaciones más jóvenes, lo que habría permitido conformar estructuras laborales con menos condicionamientos respecto del género.
Según García, este proceso facilitó la entrada de mujeres a diferentes áreas de las renovables y contribuyó a que el resto de la industria comenzara a reconocer perfiles técnicos y empresariales femeninos. Al mismo tiempo, observa que la presencia de mujeres también está aumentando dentro del sector energético tradicional, aunque no cuenta con una cifra consolidada.
La directiva identifica esa evolución en una mayor presencia femenina en eventos, paneles, mesas sectoriales, espacios de financiación y entrevistas especializadas. Sin embargo, el crecimiento cuantitativo todavía no se replica con la misma intensidad en cargos directivos y posiciones de decisión.
Los datos de IRENA aportados para este artículo refuerzan ese diagnóstico. Mientras las organizaciones sin fines de lucro y de la sociedad civil alcanzan una representación femenina del 48%, las compañías privadas con fines comerciales registran un promedio de 25%.
La discusión adquiere además una dimensión de largo plazo. Las energías renovables podrían alcanzar 30 millones de empleos hacia 2030, lo que amplía el desafío de incorporar talento femenino no solo a la base de la industria, sino también a sus áreas técnicas, de gestión y liderazgo.
Para García, una mayor inclusión requiere instrumentos que amplíen las oportunidades, aunque advierte que la representación no puede separarse de los requisitos profesionales que demanda cada posición.
“Nosotras necesitamos que nos den leyes que nos permitan ocupar puestos con perfiles buenos”, plantea la CEO de Enermant. La ejecutiva insiste en que las políticas de inclusión deben facilitar el acceso de profesionales capacitadas, pero sin transformar el género en el único criterio de selección.
A ese reto se suma la necesidad de formar perfiles que todavía no están disponibles en cantidad suficiente para determinadas posiciones técnicas o ejecutivas.
“Hay perfiles que no tenemos que los estamos construyendo y que llegaremos allá”, reconoce la directiva.
El próximo paso: llevar la participación a las políticas públicas
En Colombia, esa discusión está comenzando a trascender el mercado laboral. Referentes del sector trabajan en una nueva plataforma destinada a participar de manera más activa en política pública y promover iniciativas que amplíen la presencia femenina en la industria energética.
La propuesta surge de la experiencia de Empoderadas, una comunidad que llegó a integrar hasta 1050 mujeres vinculadas al sector energético colombiano.
“Vamos a crear este año un vehículo que nos permita participar más activamente donde podamos tener una participación en política pública que nos permita tener mujeres que aporten a la creación de actividades que permitan visibilizar aún más nuestra participación”, adelantó García.
La intención es que esa estructura permita trabajar con el Gobierno en actividades y propuestas concretas vinculadas con la participación femenina, trasladando a la esfera pública parte de la experiencia acumulada por profesionales y empresarias del sector.
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Para la ejecutiva, esa independencia permitiría reunir profesionales con miradas diferentes y trabajar sobre problemas concretos de la industria. La agenda de participación femenina, bajo ese enfoque, no aparece separada de las principales discusiones que enfrenta actualmente el mercado energético colombiano.
Y es allí donde la conversación se traslada hacia el nuevo Gobierno. García considera que la próxima etapa exigirá decisiones sobre seguridad energética, expansión de la oferta, inversiones, almacenamiento, generación firme y velocidad de incorporación de nuevas fuentes.
La directiva pone especial atención sobre la necesidad de que el sector acompañe a las nuevas autoridades y participe en la construcción de soluciones, en lugar de limitarse a observar las medidas desde afuera.
“Mi expectativa es más del sector, que el sector efectivamente se una alrededor de una persona que nos conoce a todos, que sabe lo que necesitamos, y que va a trabajar para que este país no se apague”, planteó García.
“Ella no se gana este puesto por ser mujer, ella se gana este puesto porque tiene el perfil, el conocimiento, la contundencia y el liderazgo”, opinó al referirse sobre la nueva ministra María Nohemí Arboleda.
Seguridad energética, almacenamiento y confianza de inversión
Para García, Colombia continuará incorporando renovables, pero deberá evitar una transición construida a partir de la exclusión de tecnologías que todavía cumplen funciones relevantes para la confiabilidad del sistema.
La ejecutiva plantea una visión de coexistencia tecnológica, donde las fuentes renovables convivan con almacenamiento, generación convencional y combustibles capaces de aportar respaldo mientras aumenta la oferta disponible.
La CEO considera que esta discusión resulta central para la seguridad energética, especialmente ante una demanda que, según describe, presiona sobre una oferta que necesita crecer. Ese enfoque también estará presente en la Cumbre de Energía Powered by Women, cuya agenda fue estructurada alrededor de la coexistencia de fuentes y talentos. Más que presentar el encuentro como una actividad aislada, García lo vincula con la posibilidad de discutir qué puede aportar cada segmento de la cadena de valor a los problemas actuales del sistema.Entre los ejes previstos aparecen la infraestructura existente que sostiene el abastecimiento, las nuevas tecnologías y demandas, la financiación necesaria para expandir el sistema y el talento requerido para operarlo.
Dentro de la hoja de ruta del país, el almacenamiento aparece como una de las tecnologías llamadas a complementar el crecimiento renovable y reducir el impacto de su variabilidad.
García valora que Colombia haya avanzado con una subasta que incluyó baterías, aunque advierte que la adjudicación no constituye por sí sola una medida suficiente de éxito.
“El éxito en realidad de cualquier subasta se debería medir por lo que efectivamente entra a la red a entregar energía y no solo por lo que se adjudica”, remarca.
Para que los proyectos se materialicen, la ejecutiva identifica dos condiciones que considera indispensables: capacidad disponible para conectarse e incentivos que permitan utilizar efectivamente las nuevas tecnologías.
La misma preocupación aparece al analizar los procesos de contratación de energía. García considera que el trabajo adelantado previamente deja al nuevo Gobierno una estructura desde la cual podría lanzar nuevas subastas cuando lo considere necesario.
Desde su perspectiva, la demanda existe y la energía se necesita, pero el principal interrogante se encuentra del lado de la oferta y en las razones por las que no aparecen suficientes participantes para cubrir determinados productos.
En uno de los productos nocturnos analizados durante la conversación, García señala que hubo compradores y oferentes, aunque la participación alcanzó alrededor del 40%.
“Tenemos que recuperar la confianza en la inversión. Tenemos que recuperar la confianza en jugadores que no sean los mismos que ya tenemos acá”, planteó García.
La ejecutiva aclara que la continuidad de los actores existentes no representa por sí misma un problema, pero advierte sobre los riesgos de un mercado que avance hacia una concentración excesiva. La incorporación de nuevos jugadores permitiría, bajo su lectura, ampliar la competencia y avanzar hacia una mayor diversificación tanto tecnológica como empresarial.
Ese diagnóstico vuelve a conectar con la discusión sobre participación femenina. Si Colombia necesita nuevas inversiones, tecnologías, profesionales y estructuras de decisión, la ampliación de la base de talento aparece como parte de la misma agenda de competitividad y seguridad energética.
“La expectativa es construir lineamientos que trasciendan los próximos años y permitan ordenar la incorporación de tecnologías, capital y talento bajo una mirada de largo plazo”, agregó García.
En ese escenario, la mayor participación femenina observada en renovables —y particularmente en solar fotovoltaica— abre una discusión que va más allá de las cifras de empleo. El desafío será determinar cuánto de esa presencia consigue trasladarse hacia los espacios técnicos, empresariales y de política pública donde se toman las decisiones que definirán el futuro energético colombiano.

