ANCAP comenzó a ponerle números a una pregunta que será determinante para el futuro del hidrógeno verde aplicado al transporte pesado en Uruguay: qué condiciones son necesarias para que un camión con celda de combustible pueda competir económicamente con uno a gasoil.
Los primeros resultados muestran que todavía existe una brecha importante.
Durante una presentación realizada en el XII Congreso LATAM Renovables, el jefe de Hidrógeno de ANCAP, Juan Tomasini, explicó que los escenarios analizados por la compañía todavía no muestran un Valor Actual Neto (VAN) positivo y que la escala de la operación será determinante para mejorar la competitividad frente al gasoil.
“A medida que aumentamos el número de camiones, esa paridad mejora, pero la brecha sigue todavía. Podemos llegar a estar ahí un 50% por arriba del costo total de propiedad”, señaló Tomasini.
El cálculo realizado por ANCAP considera vehículos que recorren aproximadamente 500 kilómetros diarios y mide el TCO —costo total de propiedad— en dólares por kilómetro y tonelada transportada, incorporando tanto los costos de inversión como los gastos de operación, combustible y los beneficios previstos a través de COMAP.
La conclusión comienza a marcar cuáles serán las variables decisivas para que la tecnología pueda escalar en Uruguay: cantidad de camiones, utilización de la infraestructura y costo de la electricidad.
La tarifa eléctrica entra en la ecuación
El análisis de ANCAP muestra que reducir el costo de la energía utilizada por el electrolizador podría modificar sustancialmente el resultado.
La estatal evaluó distintos escenarios tomando como referencia la tarifa Gran Consumidor 3 de UTE y observó que, al simular valores inferiores, la distancia respecto del diésel disminuye.
Tomasini indicó que, con una tarifa aproximadamente un 50% inferior a la referencia estudiada, los números mejoran significativamente e incluso aparecen escenarios en los que una operación de alrededor de ocho camiones podría acercarse a la paridad con el gasoil.
No se trata solamente de conseguir electricidad más barata.
El segundo factor es la escala. Cuanto mayor sea la utilización de la planta y de la estación de abastecimiento, menor será el costo unitario del hidrógeno producido.
La lógica coincide con el diagnóstico internacional. La Agencia Internacional de Energía advierte que el costo nivelado de las estaciones de abastecimiento de hidrógeno para transporte pesado es altamente sensible a su grado de utilización: según su Global EV Outlook 2025, elevar el uso de una HRS del 30% al 80% puede reducir cerca de un 60% el componente del costo de hidrógeno asociado al repago de la infraestructura.
Ese problema de escala llevó a ANCAP a revisar uno de los conceptos iniciales del piloto.
La empresa había contemplado inicialmente incorporar dos camiones propios para movimientos internos entre plantas, pero concluyó que esa demanda no sería suficiente para conseguir una utilización adecuada de la infraestructura.
“Dos camiones en realidad no son suficientes. Vamos a tener que aumentar la demanda”, reconoció Tomasini.
De comprar camiones a buscar demanda privada
Por eso, el proyecto entró ahora en una etapa donde el desafío ya no pasa únicamente por desarrollar la planta sino por conseguir consumidores de hidrógeno.
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ANCAP lanzó una ronda de consultas dirigida a empresas transportistas, operadores logísticos, generadores de carga y potenciales usuarios de la futura estación. La convocatoria fue comunicada oficialmente por la compañía a fines de julio.
La idea es abrir un Data Room e intercambiar información con las compañías interesadas para conocer sus operaciones concretas: rutas, cantidad de kilómetros diarios, características de los vehículos y cargas transportadas.
Esos parámetros permitirán ajustar el TCO a casos reales y determinar dónde podría aparecer primero un modelo competitivo.
La instalación estudiada por ANCAP tendrá una escala aproximada de 1 MW, tecnología de electrólisis PEM y suministro a 350 bar, y estaría ubicada en el predio industrial de Capurro. La intención es que la estación pueda estar abierta a terceros.
Pero la discusión económica comienza a desplazar al equipamiento como principal interrogante del proyecto.
¿Llegó el momento de discutir incentivos?
El análisis también abre una discusión de política energética que hasta ahora tenía mucho menos desarrollo en Uruguay: qué tratamiento debería recibir la movilidad pesada a hidrógeno durante sus primeras etapas.
Tomasini recordó los mecanismos que durante los últimos años acompañaron la incorporación de vehículos eléctricos y planteó la posibilidad de comenzar a analizar instrumentos específicos para esta tecnología.
“Quizás es hora de empezar a discutir, para el caso específico de camiones a hidrógeno, un poco para lograr las paridades que estábamos hablando”, sostuvo.
Por ahora, ANCAP identifica fundamentalmente los beneficios vinculados a COMAP, mientras estudia qué otras condiciones podrían reducir la distancia económica frente al gasoil.
La discusión llega, además, cuando Uruguay está cerca de sumar otra experiencia concreta de hidrógeno en transporte pesado.
El proyecto privado Kahirós, instalado en Fray Bentos, contempla un electrolizador PEM de 2 MW alimentado por una planta fotovoltaica de 4,8 MW y una flota inicial de seis camiones Hyundai Xcient para transporte forestal. Sus desarrolladores mantienen previsto el comienzo de operación para el segundo semestre de 2026.
Ese escenario marca una diferencia respecto de la discusión que Uruguay inició años atrás con los primeros proyectos demostrativos.
La pregunta ya no parece ser solamente si el país puede producir hidrógeno verde y utilizarlo para mover camiones, sino qué escala, precio de electricidad y esquema de incentivos permitirán hacerlo sin que la brecha económica frente al gasoil termine frenando su expansión.
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