La transición energética de la industria española comienza a dejar atrás los proyectos centrados exclusivamente en colocar paneles solares. Las limitaciones de la red, la electrificación de flotas y procesos, los picos de demanda y la necesidad de contener las inversiones iniciales están empujando al mercado hacia instalaciones capaces de coordinar generación, baterías y nuevos consumos.
Sobre esa evolución se apoya el plan de Menapy para crecer en España hasta el final de la década.
“De aquí a 2030, nuestro objetivo en España es cerrar proyectos por al menos 5 MWp de nueva capacidad fotovoltaica al año, integrando soluciones de BESS e infraestructura de recarga para vehículos eléctricos, tanto para turismos como para transporte pesado”, anticipa Andrea Azacon, Project Manager de Menapy.
La propuesta se estructura alrededor de contratos de entre 15 y 20 años bajo los que Menapy puede financiar, construir, operar y mantener las instalaciones.

Mediante este modelo, las empresas evitan concentrar recursos propios en activos energéticos y pueden incluir dentro del mismo acuerdo actuaciones que exceden el suministro de equipos, como el refuerzo de cubiertas, la actualización de transformadores o determinadas obras civiles.
Un factor que marca el ADN de la empresa, especializada en proyectos energéticos para clientes industriales, es la clara intención de convertir la fotovoltaica en la puerta de entrada a sistemas más amplios, preparados para responder tanto a las necesidades presentes como a la futura transformación del activo.
Un pipeline con proyectos híbridos
La cartera española permite observar ese cambio de escala y complejidad. Entre sus principales iniciativas figura el hub energético y de movilidad que la compañía desarrolla junto con Bettergy para la Universidad de Cádiz. El proyecto combinará 1,8 MWp de fotovoltaica sobre marquesinas, 522 kWh de almacenamiento y 26 tomas de recarga de 22 kW en el Campus de Puerto Real.
La instalación, cuya entrada en operación está prevista para 2027, funcionará bajo un PPA y será transferida posteriormente a la universidad. Su diseño incluye una salida de reserva para futuras ampliaciones y contempla una posible evolución hacia una comunidad energética.
Menapy también trabaja en una comunidad energética en Lleida y en una solución para una multinacional distribuida entre cuatro ubicaciones de Cataluña y Madrid. Estos desarrollos muestran cómo una necesidad inicial —abaratar la electricidad, aprovechar un aparcamiento, instalar cargadores o ampliar potencia— puede revelar oportunidades adicionales cuando se estudia el activo en su conjunto.
“El cliente no necesariamente necesita fotovoltaica, una batería o cargadores; necesita reducir costes, disponer de potencia para crecer, electrificar su movilidad, descarbonizar su actividad o hacer todo ello sin comprometer CAPEX”, sintetiza Azacon.
Esa lógica también alcanza a los proyectos existentes. En Burgos, Menapy financió y construyó para Bekaert una planta de autoconsumo industrial de 12 MWp que genera más de 14 GWh anuales. La experiencia acumulada con compañías como Refresco, Ontex, Puratos y Vandemoortele ha permitido a la empresa profundizar en el diseño adaptado a distintos perfiles de consumo intensivo.
Ahora aparece otra oportunidad en centros comerciales y grandes activos de retail. La convivencia de múltiples arrendatarios, contratos, puntos de suministro y curvas de demanda obliga a buscar una gestión común capaz de repartir y aprovechar mejor la generación renovable sin añadir complejidad operativa.
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La flexibilidad entra en el modelo económico
El escenario regulatorio comienza a acompañar esta transformación. Los nuevos permisos de acceso flexible permiten conectar demanda en puntos donde no existe capacidad firme, bajo condiciones técnicas, operativas o temporales que garanticen la seguridad del sistema. Su aplicación progresiva puede cambiar la planificación de instalaciones que hasta ahora no encontraban espacio suficiente en la red.
“Creemos que esta novedad puede abrir nuevas oportunidades para proyectos industriales y de recarga que actualmente están condicionados por la disponibilidad de capacidad”, señala Azacon.
La siguiente pieza será la participación activa de los consumidores. España avanza en las reglas operativas del agregador independiente, una figura que podrá agrupar consumos, generación asociada y almacenamiento para ofrecer servicios en los mercados eléctricos.
“Existe una oportunidad creciente para gestionar como asset manager activos energéticos de clientes industriales, especialmente cuando combinan fotovoltaica, almacenamiento, recarga y otros consumos flexibles”, sostiene la directiva.
Esto abre la puerta a que una industria obtenga valor de la capacidad de desplazar o reducir su demanda, además de ahorrar mediante autoconsumo.
Y hay algo claro aquí: este nuevo papel ampliará el alcance de Menapy después de la puesta en marcha de las instalaciones. La empresa podría encargarse de optimizar su funcionamiento durante toda la vida útil, mientras mantiene la opción de acompañar como consultora a los clientes que prefieran invertir directamente mediante CAPEX.
El futuro mercado de capacidad incorpora una tercera variable al modelo económico. Al permitir la participación de la generación, el almacenamiento y la respuesta de la demanda, podría remunerar la disponibilidad de activos capaces de apoyar al sistema cuando sean requeridos. Para capturar ese ingreso, los proyectos deberán contar desde su diseño con sistemas de medición, control y operación conjunta.
“El desarrollo del mercado de capacidad puede añadir nuevas fuentes de valor a estos activos y mejorar su modelo económico”, afirma Azacon.
La necesidad de anticipar estos requerimientos será especialmente visible en el transporte pesado. Las altas potencias de carga pueden condicionar el ritmo de electrificación de una flota si la red o las instalaciones del cliente no están preparadas. Estudiar los horarios operativos, la energía disponible y la posibilidad de incorporar baterías será tan importante como seleccionar los cargadores.
“Antes de dimensionar la solución analizamos quién va a cargar, cuándo, durante cuánto tiempo y qué potencia y energía tendrá disponible el cliente”, explica.
Pese a las nuevas oportunidades, el avance tecnológico y regulatorio no elimina los obstáculos tradicionales. Menapy identifica los procedimientos administrativos como el principal freno para transformar los proyectos en activos operativos.
“Seguimos viendo margen de mejora en los permisos y la burocracia, que pueden ralentizar el desarrollo de proyectos y dificultar que estas soluciones lleguen al mercado con mayor rapidez”, concluye Azacon.

