México se prepara para una nueva carrera energética impulsada por el crecimiento de los centros de datos. Hacia 2030, el país deberá incorporar 1500 MW de nueva demanda eléctrica para abastecer esta infraestructura crítica, equivalente a casi el 3% de la demanda máxima actual del Sistema Eléctrico Nacional (SEN), estimada en 52.302 MW.
Esta transformación podría movilizar 18 mil millones de dólares en inversiones durante los próximos cinco años, con un impacto equivalente al 5% del PIB nacional, según estimaciones oficiales.
Desde el sector privado, las estimaciones también reflejan la magnitud del desafío. La Asociación Mexicana de Data Centers (MEXDC) proyecta que la capacidad instalada deberá multiplicarse varias veces hacia el final de la década para acompañar el crecimiento de infraestructura digital crítica. El país más que duplicó su capacidad operativa de centros de datos, al pasar de 115 MW en 2023 a 279 MW en 2026. Actualmente, México cuenta con cerca de 205 MW en construcción, cifras que todavía lucen insuficientes frente a los requerimientos proyectados para 2030.
En términos geográficos, el ecosistema mantiene una fuerte concentración en Querétaro, considerado hoy el principal hub mexicano para infraestructura digital. Según relevamientos del sector, el estado ya concentra buena parte de la demanda energética asociada a centros de datos, impulsando el desarrollo de parques industriales y nuevas necesidades de infraestructura eléctrica en una de las zonas más exigidas del sistema.
El fenómeno, sin embargo, trasciende al mercado mexicano. Los centros de datos ya representan uno de los grandes nuevos consumidores eléctricos del mundo. En 2024 explicaron el 1,5% del consumo eléctrico global, equivalente a 415 TWh, y podrían escalar hasta 945 TWh en 2030, una cifra superior al consumo eléctrico actual de Japón y equivalente a más de tres veces el consumo anual total de México, de 304 TWh.
Pero el desafío excede la atracción de capital digital: el verdadero cuello de botella estará en garantizar energía firme, infraestructura de transmisión y flexibilidad operativa para acompañar el crecimiento. Las señales de presión sobre la red ya comienzan a aparecer. A diciembre de 2025, la capacidad de carga contratada en fase de estudio rondaba los 7.000 MW, de los cuales 75% corresponde a nuevas solicitudes y 25% a expansiones de centros de carga existentes. El dato refleja que la presión sobre la infraestructura eléctrica mexicana ya no responde únicamente al crecimiento industrial tradicional, sino también a nuevas demandas intensivas vinculadas a digitalización, manufactura avanzada y grandes consumidores.

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El desarrollo de infraestructura digital también podría alinearse con la estrategia territorial del Gobierno mexicano. Los Polos de Desarrollo Económico para el Bienestar, distribuidos en estados como Sonora, Puebla, Veracruz, Chihuahua, Guanajuato, Campeche y Tamaulipas, aparecen como potenciales destinos para infraestructura intensiva en consumo eléctrico, particularmente si logran acompañarse con nueva generación y expansión de red .
Frente a este escenario, el país comienza a mover fichas para evitar que la infraestructura eléctrica se convierta en un cuello de botella para la expansión digital. La estrategia combina el fortalecimiento de la Red Nacional de Transmisión, nuevas convocatorias para proyectos de generación y almacenamiento energético, junto con esquemas regulatorios que impulsan el autoconsumo como alternativa para grandes consumidores con demanda intensiva y continua, como los centros de datos.
El Plan de Fortalecimiento y Expansión del Sistema Eléctrico Nacional contempla una aceleración progresiva en la entrada en operación de proyectos de transmisión: 32 en 2024, 57 en 2025, 40 en 2026, 47 en 2027, 17 en 2028, 19 en 2029 y 52 hacia 2030.

En paralelo, la administración busca acelerar nueva oferta eléctrica a través de distintos mecanismos de inversión. Cabe recordar que el proceso de licitación mixta impulsado junto con la Comisión Federal de Electricidad (CFE), orientado a incorporar nueva capacidad de generación, prevé adjudicar sus resultados finales el próximo 1 de junio. En el esquema siguen en carrera más de 40 empresas. A esto se suman otras convocatorias actualmente abiertas para proyectos privados, nuevos esquemas mixtos y sistemas de almacenamiento energético, en un intento por robustecer la capacidad del sistema frente a una demanda cada vez más intensiva.
Por otro lado, la nueva regulación de autoconsumo aparece como una herramienta particularmente relevante para grandes consumidores eléctricos como los centros de datos. Según apuntó el gobierno, bajo este esquema, los usuarios podrán desarrollar generación propia —preferentemente renovable— con almacenamiento asociado, reduciendo exposición a restricciones de red y fortaleciendo su resiliencia operativa.
Más allá del desafío inmediato de abastecimiento, el fenómeno también introduce un cambio conceptual para el sistema eléctrico mexicano. Los centros de datos ya no aparecen únicamente como nuevos grandes consumidores, sino como potenciales activos flexibles capaces de integrarse de manera más inteligente a la operación del sistema mediante almacenamiento, gestión avanzada de demanda y capacidades modulares de respaldo.
