La velocidad que alcanzan los grandes proyectos fotovoltaicos está agregando nuevas variables al análisis de bancabilidad. Cristhian Romero de la Cruz, Business Development Manager LATAM de Gonvarri Solar Steel, asegura que hay plantas superiores a 200 MW que pueden ejecutarse y entrar en operación en apenas 18 meses y que los bancos e inversionistas comienzan a extender su evaluación hasta los fabricantes tecnológicos que abastecen los activos.
“Mira, yo creo que en los últimos años los bancos e inversionistas han comenzado ya a ir más allá de solamente generar un análisis financiero con las EPCs”, manifestó Romero de la Cruz durante su participación en el streaming Se tenía que decir y se dijo, organizado por Energía Estratégica.
La mirada financiera empieza así a incorporar directamente la capacidad del tecnólogo para reducir riesgos que podrían afectar el flujo de caja. El fabricante deja de quedar circunscripto a la provisión de un componente y gana relevancia dentro del análisis integral del activo.
“Hoy en día no es poco usual que los bancos comiencen a llegar hacia los tecnólogos”, señaló el Business Development Manager for Latin America de Solar Steel.

Esta aproximación, según explica, responde tanto a experiencias satisfactorias como a problemas registrados en proyectos anteriores. En ese proceso de aprendizaje, la elección tecnológica adquiere una dimensión que excede el desempeño técnico del producto y alcanza la capacidad empresarial de responder ante los compromisos asumidos.
Uno de los factores que Romero de la Cruz identifica en sus conversaciones con entidades financieras e inversionistas es la fiabilidad industrial. El análisis contempla si el fabricante puede entregar los equipos con la calidad requerida y dentro del cronograma comprometido.
“Es que el tecnólogo pueda garantizar que el producto te lo va a entregar en buena calidad y en el plazo que tienes comprometido”, precisó.
La variable temporal cobra particular importancia frente al ritmo que alcanzan algunos desarrollos utility-scale. Los cronogramas para llevar grandes capacidades desde la construcción hasta la operación se redujeron respecto de los registrados tres o cuatro años atrás.
“Creería que hay ciertas marcas o empresas que han llegado a un tiempo menor de 18 meses dependiendo de las circunstancias del parque”, agregó el ejecutivo
Del fabricante al riesgo de largo plazo
La velocidad de construcción es apenas una parte de la ecuación. Cuando el horizonte de explotación de un activo se extiende durante décadas, la continuidad del proveedor se convierte en otra variable a considerar.
En ese punto, Romero de la Cruz vincula la bancabilidad con el track record y con la capacidad del fabricante para permanecer en el mercado. El planteo cobra relevancia en una cadena fotovoltaica atravesada por fuertes movimientos de precios y ajustes industriales.
El ejecutivo menciona específicamente la situación de los fabricantes de módulos y las pérdidas millonarias que provocó la reducción de precios. A ese escenario se suma el nuevo requisito que China aplicará desde el 1 de enero de 2027, con un piso de eficiencia del 23% y una potencia mínima de 630 W, una modificación que abre interrogantes sobre la capacidad de adaptación de algunos proveedores.
Para Romero de la Cruz, esa incertidumbre industrial trasciende a los fabricantes de paneles y alcanza también a proveedores de trackers e inversores. En proyectos concebidos para operar durante décadas, la capacidad de esas compañías para sostenerse en el mercado y acompañar al activo gana peso dentro de la evaluación de largo plazo.
“Yo puntualmente en el tema de los trackers veo que esta es una relación con la cual te vas a casar por lo menos unos 25 o 30 años”, sostuvo el ejecutivo.
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Por ello, el historial regional, los procedimientos internos, el soporte técnico y el acompañamiento posterior adquieren peso frente a quienes estructuran y financian el proyecto.
“Ya vemos que no solamente tiene un alcance al especista, sino que va hacia el inversionista para a partir de ello poder tomar una decisión”, explicó Romero de la Cruz.
La experiencia acumulada en instalaciones operativas aparece, entonces, como una forma de demostrar comportamiento tecnológico fuera de las fichas técnicas. Solar Steel contabiliza 30 GW entregados globalmente, de los cuales 8 GW corresponden a Latinoamérica. Durante el último año, según informa su directivo, la compañía ocupó el primer lugar en entregas en España, Perú y Chile, el segundo en Europa y el tercero en Latinoamérica.
En el mercado peruano, el fabricante está presente desde 2012 y supera 1,2 GW instalados, mientras que en Chile acumula más de 2 GW. Estas referencias cobran relevancia dentro de un proceso de compra en el que, según Romero de la Cruz, el cliente también eleva el nivel de due diligence.
El interesado ya no se conforma con recibir documentación comercial o técnica. Busca referencias de otros compradores, contacto con activos existentes y evidencia sobre el comportamiento de los equipos instalados.
En ese sentido, el ejecutivo asegura que clientes de proyectos desarrollados desde 2012 permiten que nuevos interesados visiten las instalaciones y comprueben directamente su funcionamiento y el acompañamiento posterior.
“Eso les da confianza no solamente al especista, al IPP o al generador, sino también, y sobre todo, al banco”, destacó.
La bancabilidad empieza a mirar más allá del CAPEX
El cambio tampoco termina cuando concluye la construcción. Romero de la Cruz detecta un interés creciente por la operación y mantenimiento (O&M) y por conocer cuál será la participación de los fabricantes tecnológicos durante la fase operativa.
Las consultas, según explicó el referente de Solar Steel, empiezan a abordar cómo responderá el proveedor una vez que el parque esté funcionando, qué acompañamiento ofrecerá y cuál será su participación ante las necesidades que surjan durante la explotación.
Romero de la Cruz plantea la necesidad de observar “la etapa fuera del CAPEX de la construcción, sino la etapa del OPEX dentro del proceso de bancabilidad”.
Esta evolución coincide con un mercado sudamericano que mantiene actividad. El ejecutivo estima que Perú, Chile y Argentina podrían rondar conjuntamente 1 GW fotovoltaico durante 2026, tres plazas que Solar Steel incluye dentro de su estrategia regional.
Para Perú, además, identifica a la regulación como una variable determinante para el próximo ciclo de inversiones. El directivo considera que una reglamentación clara podría aportar un nuevo impulso para los próximos años.
“Es un muy buen año, muy buen año para los mercados, y particularmente en el Perú, con una reglamentación clara, creería que el 2027 y 2028 va a seguir manteniéndose esta tendencia de crecimiento”, proyectó.
En paralelo, el avance tecnológico abre otro frente. Solar Steel prevé profundizar durante 2026 su relación con los clientes y abordar innovaciones que exceden los propios trackers, incluida la aplicación de inteligencia artificial sobre los proyectos fotovoltaicos.
Pero el mensaje central de Romero de la Cruz sobre bancabilidad se ubica antes de cualquier nueva herramienta: con cronogramas más ajustados y activos diseñados para operar durante décadas, quien fabrica, entrega y acompaña la tecnología empieza a tener relevancia también para quien coloca el capital.
La reducción de tiempos en proyectos superiores a 200 MW muestra hasta dónde avanzó la capacidad de ejecución de la industria. Al mismo tiempo, obliga a observar una dimensión que continúa una vez alcanzada la fecha de operación comercial: la solvencia industrial y técnica de los proveedores que deberán responder durante la vida del parque.

