Queda exactamente un mes para la presentación de ofertas de la licitación AlmaSADI de 700 MW BESS en Argentina, que ya despierta un interés inédito en el mercado, pero el apetito inversor convive con señales de alerta sobre sus plazos y ejecución.
Desde el sector privado ya anticiparon que podría haber una lluvia de ofertas por hasta cuatro veces la capacidad objetivo, lo que perfila una convocatoria altamente competitiva. Pero al mismo tiempo todavía hay incertidumbres operativas que pesan sobre el proceso.
“Habrá más ofertas de lo esperado; sin embargo, la mayoría de las distribuidoras están lentas con los procesos, analizando y entendiendo de qué trata la licitación, más allá de algunos casos particulares. Entonces el cuello de botella estará por ese lado”, aseguró una fuente cercana a Energía Estratégica, en referencia a los distintos niveles de preparación para viabilizar los proyectos.
Ese es hoy uno de los principales focos de preocupación del mercado. Si bien CAMMESA prorrogó el cronograma —con ofertas previstas para el 27 de mayo y adjudicación el 8 de julio— y el Gobierno prevé sostener enero de 2027 como fecha de entrada en operación comercial, en el sector consideran que los tiempos siguen ajustados.

Una de las críticas más repetidas apunta a los plazos originales. “Eran ridículos”, resumen desde el mercado, al entender que estructurar proyectos de almacenamiento, cerrar esquemas de conexión y resolver ingeniería en ese marco temporal resultaba insuficiente. Por lo que aunque la extensión reciente fue valorada, persisten dudas sobre si será suficiente.
A esa tensión se suma un problema más profundo: la interconexión, ya que el desarrollo de un sistema BESS puede demandar entre seis y nueve meses, pero el verdadero cuello de botella se encontraría en la vinculación a red.
“Por ejemplo, en la licitación AlmaGBA se extendieron muchísimo los plazos de interconexión, en donde en general son datos que maneja la distribuidora y están dando unos plazos larguísimos”, manifestaron desde la industria renovable en conversación con este portal de noticias.
“Mientras que en AlmaSADI veremos cómo se da, porque hay distribuidoras que están pidiendo que los proyectos se conecten en barras, otras que están pidiendo que haga la apertura de línea y otras que todavía no tienen ni idea cómo conectarse”, agregaron.
La preocupación cobra mayor relevancia porque AlmaSADI no se analiza sólo como una licitación puntual, sino como un primer test para incorporar sistemas BESS stand-alone a escala en distintos puntos del país Argentina, más allá de lo hecho en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) con AlmaGBA.
Nueva demanda y necesidad de potencia
La aparición de nueva demanda, especialmente minera, refuerza esa necesidad. Según explican actores del sector, esos grandes consumos tienen compromisos de incorporar nueva generación y potencia, lo que vuelve estratégico el despliegue de baterías en distintos nodos del país.
Ese trasfondo explica por qué, pese a las dudas, la percepción general sobre la licitación sigue siendo positiva. En el mercado ven una convocatoria competitiva y con potencial para atraer fuerte participación, incluso en un contexto de costos de inversión en alza.
Sin embargo, el interrogante de fondo permanece: si el interés está garantizado, ¿están dadas todas las condiciones para que ese boom de ofertas se traduzca en proyectos ejecutables?
Por ahora, la respuesta parece matizada. Hay entusiasmo por el instrumento, pero también una advertencia compartida: sin mayor alineamiento con distribuidoras y sin despejar los cuellos de interconexión, la competitividad sola podría no alcanzar para asegurar el éxito de AlmaSADI.

