Mientras el mundo atraviesa un punto de inflexión en el que la solar se consolida como la tecnología que más crece y las renovables superan por primera vez al carbón en la generación eléctrica global, América Latina y el Caribe muestran una paradoja propia: tienen una de las matrices más renovables del planeta, pero la eólica y la solar juntas todavía generan menos electricidad que el gas natural.
Así se desprende del último reporte mensual de generación eléctrica de OLACDE, correspondiente a enero de 2026, que muestra que la región produjo 171 TWh de electricidad y alcanzó un índice de renovabilidad del 66%. Sin embargo, dentro de esa matriz, el peso de las renovables variables aún permanece por debajo del principal combustible fósil de respaldo.
De acuerdo con el informe, la eólica representó el 11,7% de la generación eléctrica regional y la solar el 5,3%. En conjunto, ambas tecnologías alcanzaron el 17% del total. El gas natural, en cambio, explicó el 23,8%, consolidándose como la segunda fuente de generación eléctrica de América Latina y el Caribe, solo detrás de la hidroelectricidad.


El dato resulta especialmente relevante en el contexto global. Según el Global Electricity Review 2026 de Ember, la solar tuvo en 2025 el mayor crecimiento anual de su historia, con un aumento de 636 TWh, equivalente al 75% del incremento neto de la demanda eléctrica mundial. Sumada a la eólica, ambas tecnologías cubrieron el 99% del crecimiento de la demanda global.
Ese avance permitió que la generación fósil mundial no aumentara por primera vez desde 2020 y que las renovables superaran al carbón en la matriz eléctrica global por primera vez en la era moderna. A nivel mundial, las renovables alcanzaron el 33,8% de la generación, frente al 33% del carbón.
Pero América Latina se mueve bajo una lógica distinta. La región no tiene en el carbón su principal problema estructural. De hecho, el carbón mineral representó apenas el 2,7% de la generación eléctrica regional en enero de 2026, según OLACDE. El verdadero eje del sistema está en la combinación entre hidroelectricidad, gas natural y renovables variables.
La hidroelectricidad continúa siendo la columna vertebral de la matriz regional, con el 44,5% de la generación total. Ese peso explica buena parte del alto índice de renovabilidad de América Latina y el Caribe, pero también expone una dependencia histórica del recurso hídrico, sensible a sequías, variaciones estacionales, disponibilidad de embalses y decisiones de despacho.
En ese contexto, el gas natural mantiene un rol central. No solo por su volumen de generación, sino por su función operativa: aporta flexibilidad, seguimiento de carga, reserva y respaldo frente a la variabilidad de la generación renovable y de la propia hidroelectricidad.
El reporte de OLACDE señala que, aun en un mes con mayor disponibilidad hídrica, el bloque térmico fósil mantuvo una participación relevante del 31,3% en la generación total, liderado por el gas natural. La organización remarca que esta tecnología se consolida como recurso de flexibilidad para el sistema eléctrico regional.
La comparación mensual también muestra los límites actuales de la integración renovable variable. Frente al mes anterior, la generación solar cayó 30% y la eólica retrocedió 11%, mientras que la generación hidroeléctrica aumentó y reordenó el despacho del sistema. En la comparación interanual, la solar registró una caída de 11,2 TWh, mientras que la hidráulica aumentó 10,8 TWh.
El contraste abre una discusión clave para la región: América Latina ya cuenta con una matriz eléctrica relativamente limpia frente a otros bloques económicos, pero el próximo salto de la transición no dependerá únicamente de instalar más parques solares y eólicos. También requerirá redes, almacenamiento, flexibilidad operativa, servicios complementarios y marcos regulatorios capaces de remunerar la firmeza y la estabilidad del sistema.
La tendencia global muestra hacia dónde va el mercado. Ember destaca que las baterías empiezan a convertir la solar diurna en energía disponible en otras horas del día, habilitando una nueva etapa de crecimiento renovable. En 2025, el despliegue global de baterías creció 46% hasta unos 250 GWh, mientras que sus costos cayeron 45%, después de una reducción del 20% en 2024.
Ese punto es especialmente relevante para América Latina. Países como Chile ya aparecen entre los mercados líderes en almacenamiento a escala de red, con capacidad suficiente para desplazar más del 50% de la nueva generación solar de 2025 hacia otras horas del día, según Ember.
La región, entonces, parte de una ventaja: baja dependencia del carbón, abundante recurso renovable y una matriz con fuerte peso hidroeléctrico. Pero el dato de OLACDE muestra que esa ventaja todavía no se traduce en una sustitución plena del gas por solar y eólica.
En enero de 2026, la transición eléctrica latinoamericana dejó una foto clara: la región es renovable, pero no todavía solar-eólica. Y mientras el gas siga generando más electricidad que ambas tecnologías juntas, el debate sobre almacenamiento, transmisión y flexibilidad seguirá siendo tan importante como el de nueva capacidad renovable.

