Centroamérica entró en una nueva fase de contratación energética, marcada por procesos de gran escala, altos niveles de competencia y cronogramas definidos que empiezan a ordenar el mercado eléctrico regional.
En pocos meses, Guatemala adjudicó licitaciones con sobreoferta significativa, Panamá activó contratos de largo plazo y Honduras avanzó con la mayor licitación de su historia, sumando más de 3000 MW en juego para el presente año.
El dato central no es solo el volumen, sino la simultaneidad de los procesos.
En Guatemala, la licitación del Programa de Expansión de Generación 4 (PEG-4) recibió ofertas por más de 1000 MW frente a una demanda de 235 MW y está en marcha la convocatoria PEG-5, que contempla la adjudicación de 1⬯400 MW mediante contratos a 15 años y la adjudicación está prevista para el 30 de enero de 2026.

Guatemala revisa la licitación PEG-5 tras el revés en la subasta de transmisión
Mientras que Honduras se prepara para contratar 1500 MW mediante rondas sucesivas, la licitación más relevante de su historia que responde a una necesidad estructural del sistema eléctrico y cuenta con un consenso amplio entre actores públicos y privados.
Panamá, en paralelo, avanzó con contratos a veinte años y anticipa nuevas convocatorias antes de mitad de año bajo un extenso cronograma hasta 2029, el cual incorpora al almacenamiento como tecnología habilitada para participar de estos nuevos procesos.
Detrás de estos números aparece un cambio estructural en el diseño de mercado, con licitaciones competitivas que reemplazan esquemas discrecionales y reducen el riesgo regulatorio.
Desde Quantum explicaron a Energía Estratégica que "las licitaciones son el mecanismo más competitivo y transparente para la compra-venta de energía y potencia", una definición que ayuda a entender por qué estos procesos ganaron consenso en la región.
Guatemala es hoy el mercado más avanzado, con más de quince años de experiencia en subastas por rondas sucesivas para contratos de corto y largo plazo.
Esa continuidad permitió construir confianza entre oferentes y compradores, elevando de manera sostenida el nivel de competencia.
La PEG 4 funcionó como una señal clara al mercado, no solo por el volumen ofertado, sino por la cantidad de proyectos dispuestos a competir bajo reglas estables.
El resultado reforzó el interés de inversores que ya miran hacia la PEG 5, consolidando a Guatemala como referente regional en contratación energética.
Ese efecto comenzó a replicarse en otros países. Panamá tomó nota del modelo, aunque avanzó con un formato de sobre cerrado.
El 29 de enero se recibieron ofertas para contratos de veinte años vinculados a generación eólica e hidroeléctrica, en un proceso orientado a asegurar abastecimiento y previsibilidad en el largo plazo.
A esto se suma una nueva agenda de licitaciones prevista antes de mitad de año, enfocada en contratar energía y potencia, con especial atención a la reconversión de centrales que operan con combustible líquido hacia gas natural.
Si bien existe interés en adoptar rondas sucesivas, el cambio requiere ajustes normativos profundos que avanzan de forma gradual.
El punto de mayor inflexión aparece en Honduras, que se prepara para una licitación por 1500 MW. Y desde Quantum remarcaron que "todos los actores han reconocido las licitaciones por rondas sucesivas como el mecanismo más correcto, eficiente, transparente y competitivo", un acuerdo que reduce el margen para retrocesos.
Postergar este proceso implicaría costos técnicos y políticos elevados, además de prolongar desequilibrios del sistema.
La combinación de escala, competencia y previsibilidad empieza a proyectarse más allá de Centroamérica. Argentina aparece entre los mercados que observan con atención estos esquemas, especialmente tras los cambios en el Mercado Eléctrico Mayorista que trasladan a las distribuidoras la contratación de energía y potencia para usuarios regulados.
Si bien aún restan definiciones regulatorias, la experiencia centroamericana ofrece una referencia concreta sobre cómo estructurar procesos que ordenen el mercado, atraigan inversión y reduzcan el costo de abastecimiento.
El mensaje que deja la región es claro: licitaciones bien diseñadas, con reglas estables y competencia real, no solo mejoran precios, sino que devuelven previsibilidad a mercados históricamente fragmentados.
Centroamérica ya no está probando modelos: está ejecutando, escalando y marcando agenda.

